En estos días que se conmemoran los cien años de aquello que vino a ser la revolución mexicana, afloran todo tipo de interpretaciones y opiniones al respecto. Ya sea sobre los líderes, los sucesos o sobre el legado de la revolución, el ejercicio de pensar sobre la revolución, en estos días, está en boga. Así, un tema interesante para sumar a esta charla centenaria, entre tantos otros, es la relación existente entre la revolución y el ferrocarril. ¿Se hubiese dado la revolución sin el tren?
Como lo recreara Rafael F. Muñoz en Vámonos con Pancho Villa (1935) y tantos otros relatos de la revolución, la relación que guardaron las líneas férreas y los ejércitos revolucionarios fue inmensa. El tren lo fue todo para la revolución: el traslado del armamento, de los caballos, los cañones, los víveres, los ejércitos, etcétera; sin el tren, la bola hubiese sido imposible, o prácticamente inoperante como movimiento armado. Igualmente, gracias al tren, los revolucionarios pudieron tender emboscadas al ejército federal o decomisar cargas de dinero, porque todo se transportaba sobre rieles. Y es curioso, pero así como los revolucionarios se sirvieron del ferrocarril, al llegar al poder, y conforme pasaron los gobiernos revolucionarios, éstos dejaron de lado al tren.
Sobre este tema, en el libro El juicio (Grijalbo, 1984), Carlos Loret de Mola –el abuelo de Loret de Mola de Televisa– traza una crítica muy buena. En un apócrifo diálogo entre Quetzalcóatl, Porfirio Díaz, Madero, Huerta, Obregón, Calles, Cárdenas, Ruíz Cortines, López Meteos y Díaz Ordaz para enjuiciar a López Portillo, también apócrifamente presente, este periodista y escritor yucateco –que también fue político y llegó a ser gobernador de su estado– critica que los revolucionarios no hayan cuidado la herencia que don Porfirio les había dejado con los trenes.
En el citado diálogo imaginario se pueden encontrar muchas críticas a la revolución. Precisamente, en uno de los pasajes de la plática que hace a este clásico, Porfirio Díaz toma la palabra y dice que los herederos de la revolución y sus líderes no supieron cuidar y desarrollar los ferrocarriles. En tal sentido, don Porfirio dice que ése fue el peor error de la descendencia revolucionaria: no invertir en el ferrocarril para usarlo como principal medio de comunicación y plataforma para el desarrollo, tal como él lo había hecho. Quetzalcóatl asiente y López Portillo, hablando por todos los demás, defiende lo indefendible diciendo que hubieron cosas peores producto de la revolución. Así, más allá del error ferroviario, el apócrifo Quetzalcóatl dice que, para ser precisos, la peor herencia de la revolución fue el híper-presidencialismo priísta.
Pero la observación que Loret de Mola le hace esgrimir a Porfirio Díaz es correcta: el ferrocarril fue la base del progreso en el porfiriato, y no hubiese sido malo que, en lugar de extinguirlo, los subsiguientes gobiernos emanados de la revolución y del PRI hubiesen desarrollado el ferrocarril, como por ejemplo lo hicieron los Estados Unidos y otros países desarrollados. Sin dudas que la historia hubiese sido otra, ya que el país se hubiese relacionado más entre sí y el centralismo no hubiese sido la pauta para el desarrollo demográfico.
Con todo, la crítica sobre los ferrocarriles y la revolución que Loret de Mola hace en su libro El juicio es interesante de traer a colación: los revolucionarios se sirvieron del tren para, luego, pasarlo al olvido, lo cual fue un error. Así, tratando de responder a la pregunta que abrió este artículo, se puede decir que, sin el tren la revolución no hubiese sido fácil o realizable. Por otro lado, se puede pensar que, desde que desapareció el tren, los problemas para comunicar la zona conurbada de Puebla se han complicado cada vez más. En fin, quizá la relación entre la revolución y el ferrocarril sea un tema a tener en cuenta a la hora de pensar en el centenario de lo que iniciaran Francisco I. Madero, los hermanos Serdán y tantos otros héroes, como Villa y Zapata.
![]() |
| ¿Cómo iban a viajar estos revolucionarios, si no? |
