lunes, 31 de enero de 2011
viernes, 21 de enero de 2011
De lobbying o cabildeo en México (II)
Una hipótesis
pluralista de la ciencia política argumenta que a mayor grado de poliarquía
mayor cantidad de lobbying. Poliarquía es un modelo de democracia y lobbying o
cabildeo es la gestión de intereses de distintos grupos e individuos ante los
poderes del Estado. Entonces, siguiendo la línea de la hipótesis planteada, se
puede comprobar por qué en México el lobbying ha crecido en los últimos años y,
entre muchas otras cosas, se puede entender por qué en Estados Unidos el
lobbying se transformó y creció en las décadas de los 60 y 70.
A principios de
la década de los 70, en los Estados Unidos explotó el escándalo político más
bochornoso de la historia de ese país: Watergate. A Nixon le costó la
presidencia y al Poder Ejecutivo le costó relegar poderes de gestión al
Congreso. Sintetizando, el Congreso se hizo más importante y abrió más canales
de acceso a la toma de decisiones de los que abría el sistema presidencialista
que venía de la época del New Deal de Roosevelt, es decir, de la década de los
30. Así, después de Watergate ingresaron al juego político estadounidense
muchos lobbies sociales que se habían gestado en los 60, como por ejemplo los
ecologistas y los de derechos civiles.
Eso significó,
entre otras cosas, Watergate; más allá del escándalo narrado por los
periodistas del Washington Post en All the President’s Men –el caso de las
infiltraciones ilegales en las oficinas de campaña de los demócratas–, la
crisis que llevó a Nixon a renunciar a la presidencia, para no enfrentar el
impeachment que lo hubiese puesto frente a un humillante juicio público,
también fue una bisagra para el sistema político estadounidense, lo cual,
posteriormente, repercutiría en otros países.
Entonces, así
como el escándalo político fue un momento culminante en Estados Unidos con el
Watergate, en México la matanza de 1968 en Tlatelolco y, veinte años después,
las elecciones de 1988 fueron escándalos políticos que derivaron en reformas
que favorecieron a un Congreso más plural. Muy de a poco, y muchos ponen fecha en 1997, en México el Congreso empezó a tener cierta independencia del
Presidente y a ser un actor importante para la toma de decisiones públicas.
Así, un embrionario lobby social comenzó a tener cierta influencia en temas
puntuales de la agenda pública mexicana.
Resumiendo, en
la década de los 70 el Congreso de los Estados Unidos cambió, entre otras
cosas, por causas de un escándalo político. En la década de los 90, por primera
vez en México, el Congreso de la Unión no tuvo una mayoría con un mismo símbolo
partidario, todo tras un lento proceso de cambios derivados de escándalos
políticos, entre otras cosas. En ambos casos, con todas las distancias que
caben, el lobbying –o cabildeo– salió beneficiado y empezó a ser más usado por
grupos de interés sociales, además de los clásicos lobbies empresariales y
sindicales, entre otros. Es decir, a más poliarquía más cabildeo, porque si el
Congreso es un contrapeso institucional efectivo – por derivaciones de un
escándalo político o no–, más y diversos intereses van a llegar a éste parar
abogar en su beneficio.
miércoles, 19 de enero de 2011
Lobbying y Watergate
Hablando de lobbying o cabildeo, historia política y comparaciones curiosas.
Una hipótesis de la ciencia política argumenta que a mayor grado de poliarquía mayor cantidad de lobbying. Poliarquía es un modelo pluralista de democracia y lobbying o cabildeo es la gestión de intereses de distintos grupos ante los poderes del Estado. Entonces, siguiendo la línea de la hipótesis planteada, se puede comprobar por qué en México el lobbying ha crecido en los últimos años y, entre muchas otras cosas, se puede entender por qué el lobbying se transformó en las décadas de los 60 y 70. Además, se puede hacer una comparación curiosa.
En los Estados Unidos de la década de los 60 brotaron los movimientos sociales, como el pacifista o el ecologista, y en los 70, a principios de la década, explotó el escándalo político más bochornoso de la historia de ese país: Watergate. A Nixon le costó su presidencia y al presidencialismo estadounidense, que venía de la época de Franklin Deleano Roosevelt, le costó relegar poderes al Congreso, los cuales permitieron la entrada de muchos lobbies sociales al juego político. Así, el poder legislativo y los lobbies sociales, cada quien en sus dimensiones, se hicieron más importantes en Washington, la capital política de Estados Unidos. Eso significó Watergate para muchos autores académicos; más allá del escándalo –las infiltraciones ilegales en las oficinas de campaña de los demócratas–, All the President’s Men, el Washington Post y la crisis que llevó a Nixon a renunciar a la presidencia, para no enfrentar el impeachment que lo hubiese llevado a un humillante juicio público.
El ejemplo de Estados Unidos en los años 70, Watergate y el lobbying es interesante por lo siguiente. Aunque con muchos matices que una comparación científica tiene que encontrar, y más al comparar países como Estados Unidos y México, el escándalo del 68 en México y, sobre todo, el de las elecciones de 1988, permitieron a un embrionario lobby social aparecer y tener cierta influencia en temas puntuales de la agenda pública. Muy de a poco, y muchos ponen fecha en 1997, el Congreso empezó a tener independencia del Presidente y a ser actor importante para la toma de decisiones públicas. Es decir, a más poliarquía más cabildeo, porque si el Congreso es un contrapeso institucional efectivo, más y diversos intereses van a llegar al Congreso de la Unión parar abogar por sus intereses.
Con todo, seguro que hacer comparaciones es arriesgado, pero tomar la historia como ejemplo y encontrar algunas coincidencias, por más leves que sean, es interesante para un análisis político. El lobbying es un tema apasionante y poco explorado en México y América Latina, por eso pensar en comparaciones como las de este artículo puede ser sugestivo. En la década de los 70 el Congreso de los Estados Unidos cambió y se abrió, entre otras cosas, por causas de un escándalo político. En la década de los 90, en México, por primera vez el Congreso de la Unión no tuvo una mayoría con un mismo símbolo partidario. En ambos casos, con todas las distancias que caben, el lobbying –o cabildeo– salió beneficiado y empezó a ser más usado por grupos de interés sociales, además de los clásicos lobbies empresariales, sindicales y corporativistas, porque existían más y nuevas vías de acceso a la toma de decisiones públicas.
lunes, 10 de enero de 2011
De lobbying o cabildeo en México (I)
México ya cuenta con una regulación para la práctica del lobbying o del cabildeo.
En el primer día hábil de este año, la portada de uno de los periódicos nacionales más importantes, El Universal, informó que desde el 2011 México es uno de los pocos países de América Latina que cuenta con un registro público de cabilderos –curiosamente, son Perú, Chile y Colombia los otros países de la región que cuentan con legislación acorde para reglamentar el lobbying–. Si bien la noticia no fue publicada por otro periódico de circulación nacional, lo que el lunes 3 de enero se publicó en dicho matutino, sin dudas, es una de las noticias sobre el sistema político mexicano más importantes de los últimos tiempos. Pero no me propongo hacer crítica de medios, sino hablar sobre el cabildeo y el nuevo registro de cabilderos que se ha hecho ley en México. Desde ahora, y en este espacio se intentará reflejar, el cabildeo va a empezar a ser más resonante.
En resumen, hablar de lobbying o cabildeo es referirse a la representación de los grupos de interés ante las autoridades electas y gubernamentales. Lobbying es la actividad, lobby el despacho o grupo de interés y lobbyista el profesional o agente. Redunda decirlo pero cabe hacerlo rápidamente: lobbying es una palabra en inglés y cabildeo es la traducción al español, así que ambas palabras pueden ser usadas para hablar de lo mismo, aunque en México el término cabildeo es más común.
Muchas veces el cabildeo está ligado a la corrupción de los más poderosos, a la inequidad en la representación política de los distintos sectores de la sociedad y a los entretelones del poder. Sin embargo, el lobbying también es beneficioso para la profesionalización de la política, las mejoras en las políticas públicas y la producción legislativa. Es decir, está más que claro que el lobbying o el cabildeo es un tema controversial –ya que es donde el binomio dinero y política se entrelaza más profundamente–, e involucra aspectos positivos y negativos para la democracia y un sistema político democrático o en transición.
Ahora bien, lo importante de destacar aquí es que en México el cabildeo legislativo ya está regulado y reconocido de derecho, no solamente de hecho como otrora. Después de 76 años, el Congreso de la Unión cuenta con un nuevo reglamento interior y, por fin, el cabildeo y los cabilderos están sujetos a escrutinio público. Si bien no se promulgó una ley que específicamente trate al cabildeo, en el nuevo reglamento interior del Congreso, el título octavo, capítulo tercero, se legisla el cabildeo. Así, aunque muchos temas quedaron pendientes en la reforma política impulsada por el Presidente Calderón –de igual manera que en el nuevo reglamento interior de la cámara de diputados–, desde este año el cabildeo legislativo está reconocido por la ley, lo cual es un gran avance para el sistema político democrático del país, para la transparencia del mismo, para la ingeniería política y para la profesión del cabildeo. Así, será la Mesa Directiva del Congreso de la Unión la que registre a todos los cabilderos y vele para que el cabildeo sea más o menos transparente.
En tal sentido, en la reglamentación está permitido que individuos o representantes de grupos de interés empresarial, patronal, social, magisterial, laboral, ecologistas, ideológicos, etcétera, acudan al Congreso de la Unión para hacer su trabajo: conseguir acceso e influir en una determinada ley en pro de un beneficio propio o sectorial. Ya sea en el pleno del Congreso o en las comisiones, así como en las audiencias y comparecencias públicas, los cabilderos que estén registrados y admitidos por la Mesa Directiva actuarán de manera transparente y en la luz pública. De esta forma, aunque la redacción no está del todo clara, no está permitido el pago de ningún tipo de intercambio económico entre los cabilderos y los diputados.
Por supuesto que hay muchos puntos que criticar de la legislación: la definición del cabildeo, así como de las estrategias y tácticas que involucran al cabildeo no son del todo precisas; tampoco hay un cuidado puntilloso sobre el dinero en la política, lo cual es un grave error. Sin embargo, el hecho de que haya un registro y que se publique en internet hace que la sociedad civil, la académica y el propio poder legislativo puedan avanzar en la rendición de cuentas de la gestión de intereses. Hay que tener en mente que, sin complementariedad de lo que hace el IFAI y la Mesa Directiva del Congreso de la Unión en lo que respecta al registro de cabilderos, la transparencia no sólo será a medias, sino que no será apropiadamente entendida. De igual forma, que el cabildeo y su regulación no sólo compete al poder legislativo.
Con todo, la noticia publicada por El Universal a comienzos de este 2011 ha sido una muy buena noticia para el estado de la política mexicana y la transición hacia la democracia. Por supuesto que las disposiciones aprobadas para regular el cabildeo tiene varias faltantes, lo cual está implícito cuando se dice que toda ley es perfectible, pero es importante resaltar la noticia y este importante paso adelante.
En el primer día hábil de este año, la portada de uno de los periódicos nacionales más importantes, El Universal, informó que desde el 2011 México es uno de los pocos países de América Latina que cuenta con un registro público de cabilderos –curiosamente, son Perú, Chile y Colombia los otros países de la región que cuentan con legislación acorde para reglamentar el lobbying–. Si bien la noticia no fue publicada por otro periódico de circulación nacional, lo que el lunes 3 de enero se publicó en dicho matutino, sin dudas, es una de las noticias sobre el sistema político mexicano más importantes de los últimos tiempos. Pero no me propongo hacer crítica de medios, sino hablar sobre el cabildeo y el nuevo registro de cabilderos que se ha hecho ley en México. Desde ahora, y en este espacio se intentará reflejar, el cabildeo va a empezar a ser más resonante.
En resumen, hablar de lobbying o cabildeo es referirse a la representación de los grupos de interés ante las autoridades electas y gubernamentales. Lobbying es la actividad, lobby el despacho o grupo de interés y lobbyista el profesional o agente. Redunda decirlo pero cabe hacerlo rápidamente: lobbying es una palabra en inglés y cabildeo es la traducción al español, así que ambas palabras pueden ser usadas para hablar de lo mismo, aunque en México el término cabildeo es más común.
Muchas veces el cabildeo está ligado a la corrupción de los más poderosos, a la inequidad en la representación política de los distintos sectores de la sociedad y a los entretelones del poder. Sin embargo, el lobbying también es beneficioso para la profesionalización de la política, las mejoras en las políticas públicas y la producción legislativa. Es decir, está más que claro que el lobbying o el cabildeo es un tema controversial –ya que es donde el binomio dinero y política se entrelaza más profundamente–, e involucra aspectos positivos y negativos para la democracia y un sistema político democrático o en transición.
Ahora bien, lo importante de destacar aquí es que en México el cabildeo legislativo ya está regulado y reconocido de derecho, no solamente de hecho como otrora. Después de 76 años, el Congreso de la Unión cuenta con un nuevo reglamento interior y, por fin, el cabildeo y los cabilderos están sujetos a escrutinio público. Si bien no se promulgó una ley que específicamente trate al cabildeo, en el nuevo reglamento interior del Congreso, el título octavo, capítulo tercero, se legisla el cabildeo. Así, aunque muchos temas quedaron pendientes en la reforma política impulsada por el Presidente Calderón –de igual manera que en el nuevo reglamento interior de la cámara de diputados–, desde este año el cabildeo legislativo está reconocido por la ley, lo cual es un gran avance para el sistema político democrático del país, para la transparencia del mismo, para la ingeniería política y para la profesión del cabildeo. Así, será la Mesa Directiva del Congreso de la Unión la que registre a todos los cabilderos y vele para que el cabildeo sea más o menos transparente.
En tal sentido, en la reglamentación está permitido que individuos o representantes de grupos de interés empresarial, patronal, social, magisterial, laboral, ecologistas, ideológicos, etcétera, acudan al Congreso de la Unión para hacer su trabajo: conseguir acceso e influir en una determinada ley en pro de un beneficio propio o sectorial. Ya sea en el pleno del Congreso o en las comisiones, así como en las audiencias y comparecencias públicas, los cabilderos que estén registrados y admitidos por la Mesa Directiva actuarán de manera transparente y en la luz pública. De esta forma, aunque la redacción no está del todo clara, no está permitido el pago de ningún tipo de intercambio económico entre los cabilderos y los diputados.
Por supuesto que hay muchos puntos que criticar de la legislación: la definición del cabildeo, así como de las estrategias y tácticas que involucran al cabildeo no son del todo precisas; tampoco hay un cuidado puntilloso sobre el dinero en la política, lo cual es un grave error. Sin embargo, el hecho de que haya un registro y que se publique en internet hace que la sociedad civil, la académica y el propio poder legislativo puedan avanzar en la rendición de cuentas de la gestión de intereses. Hay que tener en mente que, sin complementariedad de lo que hace el IFAI y la Mesa Directiva del Congreso de la Unión en lo que respecta al registro de cabilderos, la transparencia no sólo será a medias, sino que no será apropiadamente entendida. De igual forma, que el cabildeo y su regulación no sólo compete al poder legislativo.
Con todo, la noticia publicada por El Universal a comienzos de este 2011 ha sido una muy buena noticia para el estado de la política mexicana y la transición hacia la democracia. Por supuesto que las disposiciones aprobadas para regular el cabildeo tiene varias faltantes, lo cual está implícito cuando se dice que toda ley es perfectible, pero es importante resaltar la noticia y este importante paso adelante.
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