lunes, 22 de abril de 2013

Elecciones en Venezuela y democracia mínima.


Una de las reglas de cualquier democracia mínima es la aceptación y respeto de los resultados electorales por parte de los competidores y actores. Ya sean los ganadores o los perdedores, un sistema democrático minimalista más o menos de calidad es aquel en donde se respeta el resultado de las urnas, mismo que tuvo que haber emanado de elecciones libres, competidas y competitivas, entre otras cosas. Esto último, para el caso reciente de las elecciones presidenciales de Venezuela no aplicó.

A diferencia de lo que sucedió en ese país unos meses atrás, cuando el todavía presidente Hugo Chávez fue reelecto por tercera vez al vencer al candidato opositor, Henrique Capriles, quien aceptó su apretada derrota, ahora el mismo candidato opositor no está conforme con los resultados electorales e impugnó la elección. Más allá de si la postura de Capriles y los suyos responde a una estrategia diferente a la que tomaron unos meses atrás, así como si está en lo correcto o no, sin duda que la situación representa un problema para la democracia, con todo y que Venezuela hace tiempo que es un país con serios problemas en lo que tiene que ver con su sistema político democrático liberal.  

En tal sentido, como lo argumentara Alonso Lujambio en sus impecables textos sobre transición hacia la democracia, quien pierde y no acepta su derrota mete en aprietos a una democracia mínima. Vale decir que, este tipo de democracia liberal se resguarda en un sistema electoral competitivo y competido, con reglas claras y aceptadas por todos los jugadores, entre otras cosas. Así, un principio fundamental de la democracia, aceptar la victoria o la derrota electoral, según sea el caso, se ha visto mermado en las elecciones recientes de Venezuela. Con menos del dos por ciento de diferencia entre Nicolás Madura y Henrique Capriles, éste considera que la elección no fue democrática y que existieron manejos fraudulentos por parte del chavismo. Es decir, al existir dudas sobre el funcionamiento del sistema electoral venezolano y del marco democrático en el que estas se desarrollaron, pareciera que no se sabe cómo se llama el juego en el cual Capriles perdió contra Maduro.

Varios analistas han hecho el parangón con el caso de las elecciones presidenciales de México en el 2006, pero habría que ver hasta qué grado son casos comparables. Más allá de la comparación y la posibilidad de equiparar ambos casos, la diferencia obligada que hay entre el caso mexicano del 2006 y el reciente de Venezuela es que, las diferencias son grandes entre un país y otro en cuanto al grado de consolidación y hasta tropicalización del sistema democrático liberal. Es decir, el contexto en el que Maduro le ganó a Capriles no es similar al que existió cuando Calderón le ganó a López Obrador.

Así, el hecho es que en Venezuela Capriles no está respetando lo fundamental para una democracia minimalista: el veredicto de las urnas y del voto de la ciudadanía. Sin embargo, el contexto en el que se desenvolvieron las elecciones recientes de Venezuela dista de ser uno mínimamente democrático, con lo cual la reacción del candidato opositor ante el resultado y cómo éste se oficializó puede ser correcto o plausible, pero llama la atención porque mete en mayores aprietos al endeble sistema democrático liberal de Venezuela.