¿Por qué cuando los especialistas hablan de transparencia ni siquiera piensan en el lobbying?
La transparencia y el lobbying están tan relacionados que el buscador de Google no alcanza para encontrar todas las referencias sobre el tema. Si el lobbying o el cabildeo es donde el binomio dinero y política resalta con mayor prestancia, entonces la transparencia está totalmente ligada al fenómeno del cabildeo. Prueba de esto se dio la semana pasada en el Salón de Protocolos del Ayuntamiento de Puebla, en el acto para la firma de un convenio entre la Comisión de Acceso a la Información Pública (CAIP) y el gobierno de la ciudad de Puebla. Allí, antes de la exposición del especialista Luís Foncerrada Pascal, el presidente de la Coparmex de Puebla dijo que, para tener transparencia de verdad, es indispensable que los grupos de interés también sean sujetos obligados a la rendición de cuentas. Y de ahí surge la pregunta: ¿por qué cuando los especialistas discuten de transparencia y rendición de cuentas no piensan en el lobbying?
Es curioso, pero algo tan sencillo y básico para entender teórica y debidamente qué es la transparencia, no es comúnmente considerado por los especialistas del tema. Se habla de transparencia de la información pública –rendición de cuentas o accountability, para ser un poco más precisos en terminología politóloga– y solamente se hace referencia de aquello que hacen las instituciones públicas, nunca sobre el accionar de los grupos de interés. Asimismo, es raro que cuando se habla de transparencia no se incluya la financiación de las campañas electorales, que en buena parte también corren por cuenta de los distintos grupos de interés.
Errores de conceptualización tan grandes como estos no se entienden. Por eso, antes de hablar de cultura de la transparencia, habría que hablar de cultura política. Sin cultura política jamás habrá cultura de la transparencia, de la misma forma que sin cultura no hay una cultura política propia. Quizá la razón para la falta de cultura política es que Puebla, como entidad y ciudad –y de alguna manera al igual que México como país–, todavía está en transición hacia la democracia. Pero lo que llama la atención es que rara vez se habla del lobbying y los grupos de interés en relación a la transparencia, ni siquiera cuando los especialistas toman la palabra.
En fin, está claro que la transparencia es fundamental para una democracia más o menos de calidad, como se dio cuenta en la firma del convenio entre la CAIP y el Ayuntamiento de Puebla. Pero asumiendo que el sistema político está compuesto, entre otras variables, por actores pasivos y activos, el gobierno y los grupos de interés respectivamente, no contar con instrumentos para medir y hacer pública la interacción que existe entre éstos, es hacer una transparencia incompleta. Por lo mismo, es importante notar el hecho que el presidente de la Coparmex poblana, Francisco Rodríguez, haya mencionado que la transparencia se queda coja sin disposiciones para que no sólo el gobierno sea sujeto obligado de hacer públicas sus acciones, sino que también aquellos que acuden a los poderes del Estado para abogar por sus propios intereses. Con todo, dicha declaración, cuando menos, es un importante avance conceptual a tomar en cuenta en este tema.