sábado, 17 de agosto de 2013

Lobbying histórico: la Intervención Francesa en México y el caso de Puebla.

El cabildeo o lobbying se ha vuelto a hacer presente en Puebla, en días pasados, en relación a la protección de la vida y los derechos de los animales. El cabildeo indirecto que se desarrolló por distintas agrupaciones que defienden los derechos de los animales, dio cuenta de que este fenómeno ha venido in crescendo en cuanto a su cantidad y calidad en México, así como en entidades como Puebla. Pero esta no es una actividad nueva, y en este artículo se explorará al respecto.

Si bien el cabildeo se ha reimpulsado y hecho cada vez más profesional desde la transición hacia la democracia, este no es un fenómeno nuevo en la política mexicana ni latinoamericana. La gestión de intereses, aunque en democracia se desarrolla más libre, de forma más transparente y plural es tan vieja como la propia política. En tal sentido, si se entiende al cabildeo o al lobbying en una concepción amplia y laxa como la gestión constante del derecho de formular peticiones ante las autoridades, se puede formular la siguiente hipótesis: así como en los Estados Unidos de América –donde el lobbying fue practicado desde la época de las 13 Colonias y ocupó, como tema, a los Padres fundadores a finales del siglo XVIII–, también en México –y Puebla para ser más precisos– el cabildeo se comenzó a desarrollar en la época del Virreinato de la Nueva España, mucho antes de México como Estado-Nación y la democracia liberal republicana como régimen político.  

Esta obvia hipótesis, en muchas ocasiones, ha sido ignorada cuando se habla del cabildeo en México. Pero, como consta en el libro Testimonios de la Puebla de Zaragoza en el Archivo General Municipal de Puebla: 1857-1980 (BUAP y Ayuntamiento de Puebla, AGM, 2012: 117), en la serie Expedientes del Archivo General Municipal –la cual está compuesta de mil quinientos volúmenes que, desde la segunda mitad del siglo XIX, se recopiló para catalogar los diferentes asuntos que concernieron al gobierno municipal–, el cabildeo se practicaba por criollos, comerciantes, eclesiásticos, militares, entre otros habitantes encumbrados de la sociedad novohispana. De igual forma sucedía en el siglo XIX. Esto se constata con documentos que datan de 1591 y pasan por los siglos XVII, XVIII, XIX y XX. Entre los temas que destacan dentro de estas serie de documentos del cabildo municipal, destacan las gestiones que se hacían para permisos de construcción de hospitales, conventos y escuelas, así como solicitudes de tierras. 

También, constan documentos sobre cuestiones muy sensibles que vivieron los poblanos en 1863, año que ocupa al libro mencionado. En el año de la intervención francesa, un tema sucitó muchas peticiones a las autoridades: la obligatoriedad para los poblanos de alojar en sus casas al ejército francés, que tomó la ciudad tras el sitio de Puebla. Es decir, el hecho de peticionar frente a las autoridades del Ayuntamiento Municipal, ha sido ejercitado desde tiempos remotos, y el siglo XIX no fue la excepción.   

Así, mediante un escrito dirigido al Cabildo y fechado el 20 de octubre de 1863, doña Catarina González de Remolina, preceptora de primeras letras en la ciudad y Directora de la Enseñanza Municipal para niñas, pedía que se le pagara lo que había dejado de percibir durante el tiempo del sitio, además de otros tres meses que había invertido en la reapertura de una nueva escuela y el aumento de dos pesos mensuales para igualar el sueldo que antes percibía. Pese a los oficios de la señora –que más allá de ese escrito, se desconoce si ella organizaba tertulias, invitaba a agasajos sociales, asistía a eventos públicos como ir a la Catedral o a la ópera, o si financiaba algún tipo de publicación, lo cual serían algunas acciones de cabildeo propias de aquellos tiempos–, el Ayuntamiento acordó que no había lugar a lo solicitado. Este fue un tema que ocupó a muchos en la Puebla de aquellos tiempos. Semanas después, el cuerpo edilicio recibió un proyecto de contribución para liberar a los habitantes de Puebla a la obligación de dar alojamiento a los oficiales, mismo que incluía un presupuesto aproximado de alojamientos en los diferentes cuarteles y hospitales de la ciudad. Dicho proyecto no tuvo ningún acuerdo o tratamiento posterior. Como siempre, los tiempos y contextos son determinantes para la fortuna de ciertos intereses y cabildeos.

El 14 de marzo de 1866, alrededor de dos años y medio después de los documentos antes mencionados, los tiempos cambiaban y el Cabildo hizo del conocimiento que se recibió el ocurso relativo a la solicitud que realizó el presbítero Manuel Paz y Puente, para que se le paguen los arrendamientos de unos entresuelos de la casa número 4 de la calle de Santa Teresa que fueron ocupados por el ejército francés; la ocupación fue hecha por un oficial de marina, desde mayo de 1863 hasta octubre de 1864, adeudándosele 144 pesos. El expediente tuvo el número 151 de la sección de Hacienda. También, consta el ocurso relativo al pago de arrendamientos de la casa número 9 de la calle Mesones, solicitado por dona Ignacia Rangel el 20 de marzo de 1866, por haber sido ocupada por oficiales del ejército francés; el expediente tuvo el número 162 de la sección de Hacienda.  


Las demandas, peticiones o acciones en pro de algún interés particular que se realizaron por distintos poblanos y poblanas en la época de la intervención francesa, pueden ser asumidas como acciones de cabildeo. Así, se puede pensar que durante el siglo XIX la gestión de intereses, al igual que durante la colonia española de la Nueva España, iba queriendo emerger. Es decir, aunque la historia mexicana es basta en su temática, el cabildeo o lobbying no es una un tema muy tratado; lástima para un tema tan apasionante, ya que sobre el material que puede demostrarlo.      

La política entendida en términos de Maquiavelo.

Pasadas las elecciones locales en Puebla así como en otros trece estados mexicanos, llega la hora del análisis. Pensar en lo que vendrá en la política local y nacional, requiere reflexionar a fondo sobre la política en sí. Para ello, en este artículo se expondrá brevemente una noción sobre la propia política en relación a El Príncipe, misma que sirva para plantear escenarios posibles en el ajedrez del poder.  

Siempre que se va a analizar el estado de las cosas en la política y plantear escenarios, antes que nada es preciso definir qué se entiende, justamente, por política. Aunque existen diferentes conceptos de la política, escoger una definición de ésta que la emparente estrechamente con el poder, es una opción válida para entablar un análisis coyuntural realista. Así, la ineludible selección es la concepción de la política fundada por la escuela de Nicolás Maquiavelo, cuya definición dice algo así: la política es el medio para hacerse, llegar o conquistar el poder, construir y cimentarlo, para luego afianzar y preservarlo. Por último, llega la etapa de ampliar o expandir el poder. Es decir, la política es un medio y el poder el fin o suceso.  

En términos generales y en razón de la definición expuesta, la actividad política tiene tres momentos clave. Al principio está la conquista del poder; puesto que los vacíos de poder son muy raros, en todo caso muy breves en el tiempo, y por regla general el poder está siempre ocupado por alguien que jamás lo entregará gratuitamente. A la conquista le sigue la construcción política, mediante la cual el poder conquistado se afianza y avanza sobre los objetivos que su poseedor se ha propuesto. Por último, casi como corolario del primer momento, el poder necesita ser consolidado y defendido, ya que siempre será disputado por otros que también aspiran a ejercerlo. Aquí es donde se llega al punto de ampliar el poder, en la lógica que la mejor manera de defender lo obtenido y construido es a través de la expansión o el ataque. 

Por lo anterior, se puede apreciar que el momento central, trascendente, de la actividad política llega con el momento de la construcción. Ese momento, el de la construcción de poder, es en realidad el que justifica –o no– a los otros dos. Es precisamente el momento, también, al que de alguna manera se refiere Maquiavelo con su famosa y casi siempre mal citada frase: “el éxito justifica los medios”. El “éxito”, no el “fin”. Es decir, el fracaso no justifica los medios, pero el éxito sí. Así, con el éxito que tuvo en Puebla la alianza de partidos encabezada por el PAN, se justificaron los medios empleados desde que la alianza llegó al poder, lo cual le da espacio para seguir construyendo y afianzando su poder, obvio en cánones de legalidad y legitimidad democrática. Eso es lo que hará, sobre todo el gobernador Moreno Valle, si se entiende a la política como se expone en este artículo, en sintonía con El Príncipe.

En resumen, analizar asuntos políticos y la coyuntura después de una elección requiere reflexionar en la política y entender de qué se trata. Así, pensando la política en los términos expuestos en este artículo, se pueden trazar escenarios políticos plausibles. En tal sentido, es factible que Moreno Valle y el PAN –como principal partido dentro de la alianza Puebla Unida– van a ir por todo el poder que la democracia permite. Es decir, llegaron al poder hace tres años por la vía electoral, construyeron poder y el éxito reciente en las urnas refrenda los medios utilizados, con lo cual afianzó su poder ante sus contrincantes. Ahora resta ver cómo el PAN y Moreno Valle buscarán expandir su poder local para llevarlo al tablero nacional. Es lo que les toca, sobre todo al gobernador que es, ya, uno de los referentes más prominentes del PAN a nivel nacional.