El cabildeo o lobbying se ha vuelto a hacer presente en Puebla, en días
pasados, en relación a la protección de la vida y los derechos de los animales.
El cabildeo indirecto que se desarrolló por distintas agrupaciones que
defienden los derechos de los animales, dio cuenta de que este fenómeno ha
venido in crescendo en cuanto a su
cantidad y calidad en México, así como en entidades como Puebla. Pero esta no
es una actividad nueva, y en este artículo se explorará al respecto.
Si bien el cabildeo se ha
reimpulsado y hecho cada vez más profesional desde la transición hacia la
democracia, este no es un fenómeno nuevo en la política mexicana ni
latinoamericana. La gestión de intereses, aunque en democracia se desarrolla más
libre, de forma más transparente y plural es tan vieja como la propia política.
En tal sentido, si se entiende al cabildeo o al lobbying en una concepción
amplia y laxa como la gestión constante del derecho de formular peticiones ante
las autoridades, se puede formular la siguiente hipótesis: así como en los
Estados Unidos de América –donde el lobbying fue practicado desde la época de
las 13 Colonias y ocupó, como tema, a los Padres fundadores a finales del siglo
XVIII–, también en México –y Puebla para ser más precisos– el cabildeo se
comenzó a desarrollar en la época del Virreinato de la Nueva España, mucho
antes de México como Estado-Nación y la democracia liberal republicana como
régimen político.
Esta obvia hipótesis, en muchas
ocasiones, ha sido ignorada cuando se habla del cabildeo en México. Pero, como
consta en el libro Testimonios de la
Puebla de Zaragoza en el Archivo General Municipal de Puebla: 1857-1980
(BUAP y Ayuntamiento de Puebla, AGM, 2012: 117), en la serie Expedientes del Archivo General
Municipal –la cual está compuesta de mil quinientos volúmenes que, desde la
segunda mitad del siglo XIX, se recopiló para catalogar los diferentes asuntos
que concernieron al gobierno municipal–, el cabildeo se practicaba por
criollos, comerciantes, eclesiásticos, militares, entre otros habitantes
encumbrados de la sociedad novohispana. De igual forma sucedía en el siglo XIX.
Esto se constata con documentos que datan de 1591 y pasan por los siglos XVII,
XVIII, XIX y XX. Entre los temas que destacan
dentro de estas serie de documentos del cabildo municipal, destacan las
gestiones que se hacían para permisos de construcción de hospitales, conventos
y escuelas, así como solicitudes de tierras.
También, constan documentos sobre cuestiones muy sensibles que vivieron los poblanos en 1863, año que ocupa al libro mencionado. En el año de la intervención francesa, un tema sucitó muchas peticiones a las autoridades: la obligatoriedad para los poblanos de alojar en sus casas al ejército francés, que tomó la ciudad tras el sitio de Puebla. Es decir, el hecho de peticionar frente a las autoridades del Ayuntamiento Municipal, ha sido ejercitado desde tiempos remotos, y el siglo XIX no fue la excepción.
Así, mediante un escrito dirigido
al Cabildo y fechado el 20 de octubre de 1863, doña Catarina González de Remolina,
preceptora de primeras letras en la ciudad y Directora de la Enseñanza
Municipal para niñas, pedía que se le pagara lo que había dejado de percibir
durante el tiempo del sitio, además de otros tres meses que había invertido en
la reapertura de una nueva escuela y el aumento de dos pesos mensuales para
igualar el sueldo que antes percibía. Pese a los oficios de la señora –que más
allá de ese escrito, se desconoce si ella organizaba tertulias, invitaba a
agasajos sociales, asistía a eventos públicos como ir a la Catedral o a la ópera,
o si financiaba algún tipo de publicación, lo cual serían algunas acciones de
cabildeo propias de aquellos tiempos–, el Ayuntamiento acordó que no había
lugar a lo solicitado. Este fue un tema que ocupó a muchos en la Puebla de
aquellos tiempos. Semanas después, el cuerpo edilicio recibió un proyecto de
contribución para liberar a los habitantes de Puebla a la obligación de dar
alojamiento a los oficiales, mismo que incluía un presupuesto aproximado de
alojamientos en los diferentes cuarteles y hospitales de la ciudad. Dicho
proyecto no tuvo ningún acuerdo o tratamiento posterior. Como siempre, los
tiempos y contextos son determinantes para la fortuna de ciertos intereses y
cabildeos.
El 14 de marzo de 1866, alrededor
de dos años y medio después de los documentos antes mencionados, los tiempos cambiaban
y el Cabildo hizo del conocimiento que se recibió el ocurso relativo a la
solicitud que realizó el presbítero Manuel Paz y Puente, para que se le paguen
los arrendamientos de unos entresuelos de la casa número 4 de la calle de Santa
Teresa que fueron ocupados por el ejército francés; la ocupación fue hecha por
un oficial de marina, desde mayo de 1863 hasta octubre de 1864, adeudándosele
144 pesos. El expediente tuvo el número 151 de la sección de Hacienda. También,
consta el ocurso relativo al pago de arrendamientos de la casa número 9 de la
calle Mesones, solicitado por dona Ignacia Rangel el 20 de marzo de 1866, por
haber sido ocupada por oficiales del ejército francés; el expediente tuvo el
número 162 de la sección de Hacienda.
Las demandas, peticiones
o acciones en pro de algún interés particular que se realizaron por distintos
poblanos y poblanas en la época de la intervención francesa, pueden ser asumidas
como acciones de cabildeo. Así, se puede pensar que durante el siglo XIX la
gestión de intereses, al igual que durante la colonia española de la Nueva
España, iba queriendo emerger. Es decir, aunque la historia mexicana es basta
en su temática, el cabildeo o lobbying no es una un tema muy tratado; lástima
para un tema tan apasionante, ya que sobre el material que puede demostrarlo.