El 2010 se termina. Pasó de todo, periodísticamente hablando, y quizá no haya noticia política más jugosa que la de Wikileaks. Pero las celebraciones del bicentenario del inicio de la independencia y del centenario del inicio de la revolución, la Radio 2010, las elecciones locales en casi la mitad del país –que en Puebla ganó la coalición liderada por el PAN y que perdió el PRI por primera vez en al historia–, la lucha contra el narcotráfico y la violencia organizada, el secuestro del Jefe Diego y su rescate, la Virgen de Guadalupe sin pasaporte en Nueva York, los mineros chilenos y el mundial de fútbol, entre muchos otros episodios del año, seguro quedarán para las postrimerías como momentos sobresalientes o emocionantes del 2010. En tal sentido, queriendo aportar al anuario de noticias políticas, me ocuparé de un episodio que trae a cuenta al próximo presidente nacional del PRI, el licenciado Humberto Moreira, y a una persona que me gustó mucho conocer.
La noticia seguramente no es de las más importantes del año pero suma al anuario, además de que es un recuerdo personal del año se va. La nota salió en el semanario Proceso, en su número 1757, y el subtítulo fue: “Señoritingos y Braguetas persignadas” –palabras con las que Moreira se refiere a los panistas–.
En abril, trabajando para una firma de consultoría política, me pidieron que coordinara una publicidad para el PAN del estado de Coahuila. Resulta que en la ciudad de Torreón, la capital del estado y una de las zonas del país con mayores problemas por los cárteles del narcotráfico, el gobernador Moreira había apresado a unas mujeres que se manifestaban contra su gobierno. Aunque fue sólo por unas horas que estas mujeres habían estado presas, el fondo de la cuestión fue que Moreira no aceptó el reclamo pacífico en su contra y decidió reprimir. El motivo por el que se manifestaban estas mujeres era que, como no eran mujeres priistas ni clientes del gobernador, no les llegaban los planes sociales que el gobierno del estado repartía.
Entonces me puse en contacto con el señor Antonio Aguilar, el mismo dibujante y guionista que desde hace más de 30 años hace el popular Libro Vaquero. El señor Aguilar se reunió conmigo, enfermo como estaba, y me dijo, “está bien don Mario, ya tengo la información, los personajes y las líneas concretas que usted me da. Deje que lo trabaje y mañana, a primera hora, le envío un borrador de la historieta”. Sin más, el buen señor Aguilar se fue; al día siguiente, y tal cual me había dicho, ya tenía en mi correo electrónico un avance de los borradores.
En una semana teníamos toda la historieta en borrador, en el mismo formato del Libro Vaquero. Le editamos diálogo, arreglamos asuntos de dinero para impresión y envío, lo aprobaron los clientes y, a la otra semana, lo mandamos a Coahuila. El título fue El gobierno mala gente y desde la portada, con el mejor estilo de esas entrañables historietas, era una historieta-publicidad fuerte contra el gobierno estatal.
A los pocos días, a principios de mayo, me hablan del PAN de Coahuila. Que la historieta fue un éxito, que la gente se las sacó de las manos y que querían imprimir más. Resulta que Moreira, ni bien se enteró de la publicidad y del impacto que estaba teniendo, mandó gente suya para que secuestraran todas las historietas que estaban en la calle. Aunque no era propaganda sucia, Moreira no pudo soportar su ego y la realidad de las cosas, así que decidió sacar de circulación la historieta, por eso nos pedían más ejemplares.
Cuando llamé al señor Aguilar para comentarle lo sucedido, el éxito de nuestro trabajo y que los clientes estaban eufóricos, él me dijo, “Ay don Mario, no sabe qué bien me hace lo que me dice”. El señor Aguilar estaba enfermo, muy grave, pero se mejoró después de unja serie de operaciones renales. De igual manera, uno de sus dibujantes, el señor Andrade, que también trabajó desde los años 60 dibujando, nada más ni nada menos, a Red Ryder en la extinta Editorial Novaro, me llamó para decirme que estaba contento por el éxito del trabajo que juntos hicimos. Y sí, haber conocido y trabajado con esto señores de más de 80 años, creadores de un estilo de historieta mexicana y grandes personas fue un honor, un placer y una emoción de este año que se termina.
Al final, la noticia de la reacción de Moreira ante la historieta salió en Proceso. Pero lo que hace que escriba esta suerte de columna para el anuario de noticias del 2010, es que el gobernador de Coahuila va a ser el presidente del PRI. Mientras que el presidente del PAN para las elecciones de 2012 será Gustavo Madero, sobrino nieto del creador del Partido Antirreeleccionista, Francisco I. Madero, el presidente del PRI será Humberto Moreira, el hermano del muy probable heredero del poder en Coahuila. Es decir, sufragio efectivo y no reelección versus nepotismo. Casualidades de la historia, pero que no dejan de ser curiosas o sorprendentes. Gracias 2010.
Muy felices fiestas a todos. ¡Feliz Navidad y próspero año nuevo!
viernes, 31 de diciembre de 2010
domingo, 19 de diciembre de 2010
"Operación primicia": un libro para Navidad y Reyes
Recomendando libros de divulgación, me topé con "Operación primicia", el último trabajo del argentino Ceferino Reato. Aquí transcribo fragmentos de la Introducción, para ver qué tal y a ver si es interesante como para hacer una compra navideña de este libro sobre los Montoneros.
Operación Primicia fue la acción más espectacular de la guerrilla en toda su historia. Ocurrió el 5 de octubre de 1975, durante la presidencia de Isabel Perón, que en aquellos días estaba en Ascochinga reponiéndose de sus crónicos problemas de salud; su lugar era ocupado por el senador Ítalo Luder, que intentaba sacar a flote un gobierno que naufragaba en medio de una tormenta de violencia política, inflación y denuncias de corrupción.
Unos setenta combatientes participaron en forma directa en esta operación, que fue realizada por Montoneros, la guerrilla peronista, y tuvo cinco etapas, algunas de ellas simultáneas:
1- Secuestro del Vuelo 706 de Aerolíneas Argentinas, con 102 pasajeros y seis tripulantes a bordo, que fue desviado a la ciudad de Formosa, a 1.190 kilómetros de Buenos Aires.
2- Copamiento del aeropuerto internacional “El Pucú”, en la entrada de la capital formoseña. Hubo un policía muerto.
3- Ataque al Regimiento de Infantería de Monte 29, el segundo de todo el país, de acuerdo con Montoneros. En media hora de un combate inesperado, hubo veinticuatro muertos, doce de cada lado, entre ellos diez soldados conscriptos.
4- Fuga en el moderno Boeing 737-200 de Aerolíneas y en un Cessna 182 que sirvió para confundir en el aire a los perseguidores.
5- Aterrizaje del avión de Aerolíneas a 700 kilómetros de Formosa, en una pista preparada para la ocasión en una estancia en Santa Fe. El Cessna bajó en las afueras de Corrientes.
Operación Primicia fue diseñada y dirigida por Raúl Yaguer, más conocido como “El Gringo”, “Roque” o “Mario”, un ingeniero químico santafesino metódico y cáustico que era el número cuatro de la cúpula nacional de Montoneros. Los tres primeros en la jerarquía, Mario Firmenich, Roberto Perdía y Roberto Quieto, aprobaron el ataque.
Operación Primicia fue diseñada y dirigida por Raúl Yaguer, más conocido como “El Gringo”, “Roque” o “Mario”, un ingeniero químico santafesino metódico y cáustico que era el número cuatro de la cúpula nacional de Montoneros. Los tres primeros en la jerarquía, Mario Firmenich, Roberto Perdía y Roberto Quieto, aprobaron el ataque.
Salvo en Formosa, Montoneros estaba bien desarrollado en todo el Nordeste, hacia donde, por ejemplo, en 1974 había sido trasladado el actual diputado ultrakirchnerista Carlos Kunkel, luego de que, junto con otros siete legisladores, renunciara a su banca en el Congreso disgustado por un proyecto de ley del presidente Juan Perón que endurecía la represión contra la guerrilla.
Se trató del primer ataque de Montoneros a un cuartel militar; el inicio de la lucha directa contra las Fuerzas Armadas, que pasó a ser su enemigo principal en la lucha por la revolución socialista y la liberación nacional.
No fue sólo una acción que pareció salida de un guión cinematográfico: conmovió al gobierno, al peronismo y a los militares y provocó que el general Jorge Videla y el almirante Emilio Massera fijaran la fecha para el golpe militar del 24 de marzo de 1976. El hecho impactó fuertemente en la opinión pública, en especial por la muerte de los diez jóvenes que aquel domingo por la tarde estaban de guardia en el cuartel, cumpliendo con el servicio militar obligatorio, tanto que La Opinión , el diario de Jacobo Timerman, afirmó en tapa: “El país está en guerra”.
Operación Primicia anticipó cómo sería la represión luego del golpe militar, que, por otro lado, fue recibido con satisfacción por muchos guerrilleros, montoneros y del ERP. Luego del ataque, cuando todo había pasado, patrullas del Ejército mataron a tres vecinos que no tenían nada que ver; un estudiante secundario de 15 años y un joven policía de civil fueron fusilados mientras estaban tirados en el suelo.
En cuanto a los muertos en el cuartel, por un lado los soldados sólo son recordados en Formosa y sus padres perciben una pensión mensual de 842 pesos; por el otro, a pesar de que el ataque fue en democracia y durante un gobierno peronista, la mayoría de los guerrilleros figura en los nuevos listados del Nunca Más, difundidos durante el gobierno de Néstor Kirchner, en 2006, y en el Monumento a las Víctimas del Terrorismo de Estado inaugurado en 2007 en la Costanera porteña, y sus parientes cobraron una indemnización que en marzo de 2010 ascendía 620.919 pesos. Para el Estado, los partidos y los organismos de derechos humanos un guerrillero vale aproximadamente seis soldados conscriptos.
![]() |
| Portada de Operación Primicia (2010). |
domingo, 12 de diciembre de 2010
Escándalos políticos: "Watergate"
How Mark Felt Became 'Deep Throat'
Cómo Mark Felt se convirtió en "Garganta Profunda".
By Bob Woodward
Washington Post Staff Writer
Thursday, June 2, 2005
Traducción al español: MR.
En 1970, cuando estaba sirviendo como Teniente de la Marina de los Estados Unidos y asignado al Admirante Thomas H. Moorer, el jefe de las operaciones navales, algunas veces fungí como mensajero, llevando documentos a la Casa Blanca.
Una tarde estaba despachando un paquete al piso más bajo del Ala Oeste de la Casa Blanca, donde había una pequeña área de espera cerca del Cuarto de Situación. Podía ser una larga espera para que la persona indicada venga y firme el material, a veces una hora o más, y después de que había estado esperando por un rato, un hombre alto con cabello canoso, perfectamente peinado, vino y se sentó junto a mí. Su traje era oscuro, su camisa blanca y su corbata tenue. Probablemente tenía 25 ó 30 años más que yo, y llevaba lo que parecía como un archivo o un portafolio. Tenía una apariencia muy distinguida y tenía un estudiado aire de confianza, la postura y la calma de alguien acostumbrado a dar órdenes y ser instantáneamente obedecido.
Yo podía decir que él estaba mirando la situación con mucha atención. No había nada que sobrepasara su atención, pero sus ojos se revoloteaban alrededor como en una especie de vigilancia caballeresca. Después de varios minutos, me introduje. “Teniente Bob Woodward”, le dije cuidadosamente agregando un respetuoso, “señor”.
“Mark Felt”, dijo él.
Empecé contándole sobre mí, que ese era mi último año en la Marina y que estaba llevando documentos de la oficina del Admirante Moorer. Felt no tenía apuro de explicar nada sobre sí mismo o por qué estaba él allí.
Este fue un tiempo de mi vida con considerable ansiedad, inclusive consternación, sobre mi fututo. Me había graduado en 1965 de Yale, donde tuve una beca de la Oficina de la Reserva de la Marina que requería que, después de obtener mi título, vaya a la Marina. Después de cuatro años de servicio, por la guerra de Vietnam, mi servicio se extendió involuntariamente un año.
Durante ese año en Washington, gasté una buena cantidad de energía tratando de encontrar cosas o gente que fuese interesante. Tenía una compañero de la universidad que estaba yendo para empleado administrativo del Presidente del Tribunal de Justicia, Warren E. Burger, e hice un esfuerzo por desarrollar una amistad con ese compañero. Para acallar mi angustia y sentido de deriva, estaba tomando cursos de posgrado en la Universidad de George Washington. Un curso era sobre Shakespeare, otro en relaciones internacionales.
Cuando le mencioné a Felt sobre mi trabajo de posgrado, se animó inmediatamente, diciendo que en los años 1930 él había ido a la escuela vespertina de abogacía en GW, antes de unirse –y esta fue la primera vez que lo mencionó– al FBI. Mientras estaba en la escuela de abogacía, dijo, había trabajado de tiempo completo para un senador –el senador su estado natal, Idaho–. Le dije que yo había hecho trabajo voluntario en la oficina del diputado John Erlenborn, un republicano del distrito de Wheaton, Illinois, donde yo me había criado.
Así que teníamos dos conexiones: estudios de posgrado en GW y trabajo con representantes electos de nuestros estados.
Felt y yo éramos como dos pasajeros en un largo vuelo de avión, sentados uno junto al otro con ningún lugar adonde ir y realmente nada que hacer más que resignarse al tiempo muerto. Él no mostró interés en entablar una conversación larga, pero yo estaba decidido. Finalmente le saqué la información de que era asistente del director del FBI a cargo de la división de inspección, un puesto importante debajo del Director J. Edgar Hoover. Eso significaba que él dirigía equipos de agentes que iban a las oficinas del FBI para estar seguros que éstas estaban adhiriendo a los procedimientos y llevando a cabo las ordenes de Hoover. Luego aprendí que eso era llamado “brigada de guaruras”.
Aquí había alguien en el centro del mundo secreto que yo apenas si estaba vislumbrando en mis tareas en la Marina, así que lo salpiqué con preguntas sobre su trabajo y su mundo. Pensando en retrospectiva sobre este encuentro accidental pero crucial –uno de los más importantes en mi vida–, veo que mi comportamiento probablemente rayó en la adolescencia. Como no estaba diciendo mucho acerca de él, yo moví la conversación hacia una sesión de orientación vocacional.
Fui deferente, pero seguro he de haber parecido que estaba muy necesitado. El fue amistoso, y su interés en mí pareció, de alguna manera, paternal. Todavía la impresión más vívida que tengo es de su trato distante pero formal, en muchos sentidos un producto del FBI de Hoover. Le pregunté a Felt por su número de teléfono, y me dio el número directo a su oficina.
Creo que me lo encontré sólo una vez más en la Casa Blanca. Pero ya había tirado el anzuelo. El iba a ser una de las personas que yo consultaba con profundidad sobre mi futuro, el cual, ahora, se avecinaba inquietantemente a medida que la fecha de mi baja de la Naval se acercaba. En algún punto lo llamé, primero al FBI y después a su casa en Virginia. Yo estaba un poco desesperado, y estoy seguro que abrí mi pecho. Había aplicado a varias escuelas de leyes para ese otoño, pero, a los 27, me preguntaba si realmente podía gastar tres años estudiado leyes antes de empezar a trabajar de verdad.
Felt pareció comprensivo a la calidad de alma-perdida de mis preguntas. Me dijo que después de que él obtuvo su título de abogado, su primer trabajo había sido en la Comisión Federal de Comercio. Su primera tarea fue determinar si el papel de baño de marca Cruz Roja estaba en una posición injusta de competencia debido a que la gente pensaba que estaba abalada o aprobada por la Cruz Roja de los Estados Unidos. La CFC era una secretaría clásica de la burocracia –lenta y triste– y él la odiaba. En un año había aplicado al FBI y fue aceptado. Estudiar abogacía abre la mayoría de las puertas, parecía decir, pero no quedes atrapado en tu propio equivalente de una investigación de papel de baño.
Una prueba de dos semanas: Llendo al Post
En agosto de 1970 fui formalmente dado de baja de la Marina. Me había suscrito al Washington Post, que sabía era dirigido por un editor duro llamado Ben Bradlee. Allí había una rudeza y un nervio en la cobertura de las noticias que me gustaba; parecía encajar en los tiempos, encajar con un sentido general de que el mundo era mucho más que la universidad de derecho. Quizá reportear era algo que yo podría hacer.
Durante mi búsqueda por un futuro, envié una carta al Post pidiendo un trabajo como reportero. De alguna manera –no recuerdo exactamente cómo–, Harry Rosenfeld, el editor metropolitano, accedió a verme. Me miró a través de sus anteojos con cierto desconcierto. ¿Por qué, se preguntó, querría ser yo un reportero? Yo tenía cero –¡cero!– experiencia. ¿Por qué, dijo, querría el Washington Post contratar a alguien sin experiencia? Pero esto es suficientemente loco, Rosenfeld finalmente dijo, por lo que deberíamos probar. Te vamos a dar un periodo de prueba de dos semanas.
Después de dos semanas, había escrito quizá una docena de historias y fragmentos de historias. Ninguna de ellas fueron publicadas o llegaron a estar siquiera cerca de ser publicadas. Ninguna fue editada.
Mira, no sabes cómo hacer esto, dijo Rosenfeld, llevando mi período de prueba a un compasivo final. Aunque había fallado en mi prueba –fue un golpe espectacular–, me di cuenta que había encontrado algo que me gustaba. La sensación de inmediatez que había en el periódico era irresistible para mí, así que tomé un trabajo en el Montgomery Sentinel, adonde Rosenfeld dijo que yo podía aprender cómo ser un reportero. Le dije a mi padre que la universidad de deecho estaba afuera y que iba a tomar un trabajo, por unos 115 dólares a la semana, como reportero de un periódico semanal en Maryland.
“Estás locol”, dijo mi padre, en uno de los juicios más raros de los que alguna vez me haya hecho.
También llamé a Mark Felt, quien, de una manera muy gentil, me indicó que él, también, pensaba que estaba loco. Me dijo que pensaba que los periódicos eran muy superficiales y muy ligeros con el gatillo. Los periódicos no hacían trabajo a fondo y raramente llegaban al fondo de los eventos.
Bueno, dije; estaba eufórico. Quizá él me podia ayudar con historias.
No me respondió, recuerdo.
Durante el año que pasé en el Sentinel, mantuve el contacto con Felt a través de llamadas telefónicas a su oficina y su casa. Nos estábamos convirtiendo en algún tipo de amigos. El era el mentor, cuidándome de investigaciones de papel de baño, y yo seguí pidiéndole consejos. Un fin de semana conduje hasta su casa en Virginia y conocí a su mujer, Audrey.
De alguna forma para mi sorpresa, Felt era un admirador de J. Edgar Hoover. Apreciaba su orden y la manera en que manejaba al buró con sus procedimientos rígidos y un puño de hierro. Felt dijo que apreciaba que Hoover llegaba a la oficina a las 6:30 cada mañana y que cada uno sabía qué se esperaba. La Casa Blanca de Nixon era otro asunto, dijo Felt. La presión política era inmensa, dijo sin ser específico. Creo que la llamó “corrupta” y sinistra. Hoover, Felt y la vieja guardia eran el muro que protegía al FBI, dijo.
In his own memoir, "The FBI Pyramid: From the Inside," which received almost no attention when it was published in 1979, five years after President Richard M. Nixon's resignation, Felt angrily called this a "White House-Justice Department cabal."
At the time, pre-Watergate, there was little or no public knowledge of the vast pushing, shoving and outright acrimony between the Nixon White House and Hoover's FBI. The Watergate investigations later revealed that in 1970 a young White House aide named Tom Charles Huston had come up with a plan to authorize the CIA, the FBI and military intelligence units to intensify electronic surveillance of "domestic security threats," authorize illegal opening of mail, and lift the restrictions on surreptitious entries or break-ins to gather intelligence.
Huston warned in a top-secret memo that the plan was "clearly illegal." Nixon initially approved the plan anyway. Hoover strenuously objected, because eavesdropping, opening mail and breaking into homes and offices of domestic security threats were basically the FBI bailiwick and the bureau didn't want competition. Four days later, Nixon rescinded the Huston plan.
Felt, a much more learned man than most realized, later wrote that he considered Huston "a kind of White House gauleiter over the intelligence community." The word "gauleiter" is not in most dictionaries, but in the four-inch-thick Webster's Encyclopedic Unabridged Dictionary of the English Language it is defined as "the leader or chief official of a political district under Nazi control."
There is little doubt Felt thought the Nixon team were Nazis. During this period, he had to stop efforts by others in the bureau to "identify every member of every hippie commune" in the Los Angeles area, for example, or to open a file on every member of Students for a Democratic Society.
None of this surfaced directly in our discussions, but clearly he was a man under pressure, and the threat to the integrity and independence of the bureau was real and seemed uppermost in his mind.
On July 1, 1971 -- about a year before Hoover's death and the Watergate break-in -- Hoover promoted Felt to be the number three official in the FBI. Though Hoover's sidekick, Clyde Tolson, was technically the number two official, Tolson was also ill and did not come to work many days, meaning he had no operational control of the bureau. Thus, my friend became the day-to-day manager of all FBI matters as long as he kept Hoover and Tolson informed or sought Hoover's approval on policy matters.
EARLY TIPS: Agnew, and Then Wallace
In August, a year after my failed tryout, Rosenfeld decided to hire me. I started at The Post the next month.
Though I was busy in my new job, I kept Felt on my call list and checked in with him. He was relatively free with me but insisted that he, the FBI and the Justice Department be kept out of anything I might use indirectly or pass onto others. He was stern and strict about those rules with a booming, insistent voice. I promised, and he said that it was essential that I be careful. The only way to ensure that was to tell no one that we knew each other or talked or that I knew someone in the FBI or Justice Department. No one.
In the spring, he said in utter confidence that the FBI had some information that Vice President Spiro T. Agnew had received a bribe of $2,500 in cash that Agnew had put in his desk drawer. I passed this on to Richard Cohen, the top Maryland reporter for The Post, not identifying the source at all. Cohen said, and later wrote in his book on the Agnew investigation, that he thought it was "preposterous." Another Post reporter and I spent a day chasing around Baltimore for the alleged person who supposedly knew about the bribe. We got nowhere. Two years later, the Agnew investigation revealed that the vice president had received such a bribe in his office.
About 9:45 a.m. on May 2, 1972, Felt was in his office at the FBI when an assistant director came to report that Hoover had died at his home. Felt was stunned. For practical purposes, he was next in line to take over the bureau.
Yet Felt was soon to be visited with immense disappointment. Nixon nominated L. Patrick Gray III to be the acting director. Gray was a Nixon loyalist going back years. He had resigned from the Navy in 1960 to work for candidate Nixon during the presidential contest that Nixon lost to John F. Kennedy.
As best I could tell Felt was crushed, but he put on a good face. "Had I been wiser, I would have retired," Felt wrote.
On May 15, less than two weeks after Hoover's death, a lone gunman shot Alabama Gov. George C. Wallace, then campaigning for president, at a Laurel shopping center. The wounds were serious, but Wallace survived.
Wallace had a strong following in the deep South, an increasing source of Nixon's support. Wallace's spoiler candidacy four years earlier in 1968 could have cost Nixon the election that year, and Nixon monitored Wallace's every move closely as the 1972 presidential contest continued.
That evening, Nixon called Felt -- not Gray, who was out of town -- at home for an update. It was the first time Felt had spoken directly with Nixon. Felt reported that Arthur H. Bremer, the would-be assassin, was in custody but in the hospital because he had been roughed up and given a few bruises by those who subdued and captured him after he shot Wallace.
"Well, it's too bad they didn't really rough up the son of a bitch!" Nixon told Felt.
Felt was offended that the president would make such a remark. Nixon was so agitated and worried, attaching such urgency to the shooting, that he said he wanted full updates every 30 minutes from Felt on any new information that was being discovered in the investigation of Bremer.
In the following days I called Felt several times and he very carefully gave me leads as we tried to find out more about Bremer. It turned out that he had stalked some of the other candidates, and I went to New York to pick up the trail. This led to several front-page stories about Bremer's travels, completing a portrait of a madman not singling out Wallace but rather looking for any presidential candidate to shoot. On May 18, I did a Page One article that said, among other things, "High federal officials who have reviewed investigative reports on the Wallace shooting said yesterday that there is no evidence whatsoever to indicate that Bremer was a hired killer."
It was rather brazen of me. Though I was technically protecting my source and talked to others besides Felt, I did not do a good job of concealing where the information was coming from. Felt chastised me mildly. But the story that Bremer acted alone and without accomplices was a story that both the White House and the FBI wanted out.
THE STORY BREAKS: Secrecy Is Paramount
A month later, on Saturday, June 17, the FBI night supervisor called Felt at home. Five men in business suits, pockets stuffed with $100 bills, and carrying eavesdropping and photographic equipment, had been arrested inside the Democrats' national headquarters at the Watergate office building about 2:30 a.m.
By 8:30 a.m. Felt was in his office at the FBI, seeking more details. About the same time, The Post's city editor woke me at home and asked me to come in to cover an unusual burglary.
The first paragraph of the front-page story that ran the next day in The Post read: "Five men, one of whom said he is a former employee of the Central Intelligence Agency, were arrested at 2:30 a.m. yesterday in what authorities described as an elaborate plot to bug the offices of the Democratic National Committee here."
The next day, Carl Bernstein and I wrote our first article together, identifying one of the burglars, James W. McCord Jr., as the salaried security coordinator for Nixon's reelection committee. On Monday, I went to work on E. Howard Hunt, whose telephone number had been found in the address books of two of the burglars with the small notations "W. House" and "W.H." by his name.
This was the moment when a source or friend in the investigative agencies of government is invaluable. I called Felt at the FBI, reaching him through his secretary. It would be our first talk about Watergate. He reminded me how he disliked phone calls at the office but said the Watergate burglary case was going to "heat up" for reasons he could not explain. He then hung up abruptly.
I was tentatively assigned to write the next day's Watergate bugging story, but I was not sure I had anything. Carl had the day off. I picked up the phone and dialed 456-1414 -- the White House -- and asked for Howard Hunt. There was no answer, but the operator helpfully said he might be in the office of Charles W. Colson, Nixon's special counsel. Colson's secretary said Hunt was not there this moment but might be at a public relations firm where he worked as a writer. I called and reached Hunt and asked why his name was in the address book of two of the Watergate burglars.
"Good God!" Hunt shouted before slamming down the phone. I called the president of the public relations firm, Robert F. Bennett, who is now a Republican U.S. senator from Utah. "I guess it's no secret that Howard was with the CIA," Bennett said blandly.
It had been a secret to me, and a CIA spokesman confirmed that Hunt had been with the agency from 1949 to 1970. I called Felt again at the FBI. Colson, White House, CIA, I said. What did I have? Anyone could have someone's name in an address book. I wanted to be careful about guilt by association.
Felt sounded nervous. He said off the record -- meaning I could not use the information -- that Hunt was a prime suspect in the burglary at the Watergate for many reasons beyond the address books. So reporting the connections forcefully would not be unfair.
In July, Carl went to Miami, home of four of the burglars, on the money trail, and he ingeniously tracked down a local prosecutor and his chief investigator, who had copies of $89,000 in Mexican checks and a $25,000 check that had gone into the account of Bernard L. Barker, one of the burglars. We were able to establish that the $25,000 check had been campaign money that had been given to Maurice H. Stans, Nixon's chief fundraiser, on a Florida golf course. The Aug. 1 story on this was the first to tie Nixon campaign money directly to Watergate.
I tried to call Felt, but he wouldn't take the call. I tried his home in Virginia and had no better luck. So one night I showed up at his Fairfax home. It was a plain-vanilla, perfectly kept, everything-in-its-place suburban house. His manner made me nervous. He said no more phone calls, no more visits to his home, nothing in the open.
I did not know then that in Felt's earliest days in the FBI, during World War II, he had been assigned to work on the general desk of the Espionage Section. Felt learned a great deal about German spying in the job, and after the war he spent time keeping suspected Soviet agents under surveillance.
So at his home in Virginia that summer, Felt said that if we were to talk it would have to be face to face where no one could observe us.
I said anything would be fine with me.
We would need a preplanned notification system -- a change in the environment that no one else would notice or attach any meaning to. I didn't know what he was talking about.
If you keep the drapes in your apartment closed, open them and that could signal me, he said. I could check each day or have them checked, and if they were open we could meet that night at a designated place. I liked to let the light in at times, I explained.
We needed another signal, he said, indicating that he could check my apartment regularly. He never explained how he could do this.
Feeling under some pressure, I said that I had a red cloth flag, less than a foot square -- the kind used as warnings on long truck loads -- that a girlfriend had found on the street. She had stuck it in an empty flowerpot on my apartment balcony.
Felt and I agreed that I would move the flowerpot with the flag, which usually was in the front near the railing, to the rear of the balcony if I urgently needed a meeting. This would have to be important and rare, he said sternly. The signal, he said, would mean we would meet that same night about 2 a.m. on the bottom level of an underground garage just over the Key Bridge in Rosslyn.
Felt said I would have to follow strict countersurveillance techniques. How did I get out of my apartment?
I walked out, down the hall, and took the elevator.
Which takes you to the lobby? he asked.
Yes.
Did I have back stairs to my apartment house?
Yes.
Use them when you are heading for a meeting. Do they open into an alley?
Yes.
Take the alley. Don't use your own car. Take a taxi to several blocks from a hotel where there are cabs after midnight, get dropped off and then walk to get a second cab to Rosslyn. Don't get dropped off directly at the parking garage. Walk the last several blocks. If you are being followed, don't go down to the garage. I'll understand if you don't show. All this was like a lecture. The key was taking the necessary time -- one to two hours to get there. Be patient, serene. Trust the prearrangements. There was no fallback meeting place or time. If we both didn't show, there would be no meeting.
Felt said that if he had something for me, he could get me a message. He quizzed me about my daily routine, what came to my apartment, the mailbox, etc. The Post was delivered outside my apartment door. I did have a subscription to the New York Times. A number of people in my apartment building near Dupont Circle got the Times. The copies were left in the lobby with the apartment number. Mine was No. 617, and it was written clearly on the outside of each paper in marker pen. Felt said if there was something important he could get to my New York Times -- how, I never knew. Page 20 would be circled, and the hands of a clock in the lower part of the page would be drawn to indicate the time of the meeting that night, probably 2 a.m., in the same Rosslyn parking garage.
The relationship was a compact of trust; nothing about it was to be discussed or shared with anyone, he said.
How he could have made a daily observation of my balcony is still a mystery to me. At the time, before the era of intensive security, the back of the building was not enclosed, so anyone could have driven in the back alley to observe my balcony. In addition, my balcony and the back of the apartment complex faced onto a courtyard or back area that was shared with a number of other apartment or office buildings in the area. My balcony could have been seen from dozens of apartments or offices, as best I can tell.
A number of embassies were located in the area. The Iraqi Embassy was down the street, and I thought it possible that the FBI had surveillance or listening posts nearby. Could Felt have had the counterintelligence agents regularly report on the status of my flag and flowerpot? That seems highly unlikely, if not impossible.
A KINSHIP: Felt Knew Reporters' Plight
In the course of this and other discussions, I was somewhat apologetic for plaguing him and being such a nag, but I explained that we had nowhere else to turn. Carl and I had obtained a list of everyone who worked for Nixon's reelection committee and were frequently going out into the night knocking on the doors of these people to try to interview them. I explained to Felt that we were getting lots of doors slammed in our faces. There also were lots of frightened looks. I was frustrated.
Felt said I should not worry about pushing him. He had done his time as a street agent, interviewing people. The FBI, like the press, had to rely on voluntary cooperation. Most people wanted to help the FBI, but the FBI knew about rejection. Felt perhaps tolerated my aggressiveness and pushy approach because he had been the same way himself when he was younger, once talking his way into an interview with Hoover and telling him of his ambition to become a special agent in charge of an FBI field office.
It was an unusual message, emphatically encouraging me to get in his face.
With a story as enticing, complex, competitive and fast-breaking as Watergate, there was little tendency or time to consider the motives of our sources. What was important was whether the information checked out and whether it was true. We were swimming, really living, in the fast-moving rapids. There was no time to ask why they were talking or whether they had an ax to grind.
I was thankful for any morsel or information, confirmation or assistance Felt gave me while Carl and I were attempting to understand the many-headed monster of Watergate. Because of his position virtually atop the chief investigative agency, his words and guidance had immense, at times even staggering, authority. The weight, authenticity and his restraint were more important than his design, if he had one.
It was only later after Nixon resigned that I began to wonder why Felt had talked when doing so carried substantial risks for him and the FBI. Had he been exposed early on, Felt would have been no hero. Technically, it was illegal to talk about grand jury information or FBI files -- or it could have been made to look illegal.
Felt believed he was protecting the bureau by finding a way, clandestine as it was, to push some of the information from the FBI interviews and files out to the public, to help build public and political pressure to make Nixon and his people answerable. He had nothing but contempt for the Nixon White House and their efforts to manipulate the bureau for political reasons. The young eager-beaver patrol of White House underlings, best exemplified by John W. Dean III, was odious to him.
His reverence for Hoover and strict bureau procedure made Gray's appointment as director all the more shocking. Felt obviously concluded he was Hoover's logical successor.
And the former World War II spy hunter liked the game. I suspect in his mind I was his agent. He beat it into my head: secrecy at all cost, no loose talk, no talk about him at all, no indication to anyone that such a secret source existed.
In our book "All the President's Men," Carl and I described how we had speculated about Deep Throat and his piecemeal approach to providing information. Maybe it was to minimize his risk. Or because one or two big stories, no matter how devastating, could be blunted by the White House. Maybe it was simply to make the game more interesting. More likely, we concluded, "Deep Throat was trying to protect the office, to effect a change in its conduct before all was lost."
Each time I raised the question with Felt, he had the same answer: "I have to do this my way."
![]() |
| Cartoon del Post sobre el Watergate |
jueves, 18 de noviembre de 2010
100 años de la revolución: ¿Y el tren?
En estos días que se conmemoran los cien años de aquello que vino a ser la revolución mexicana, afloran todo tipo de interpretaciones y opiniones al respecto. Ya sea sobre los líderes, los sucesos o sobre el legado de la revolución, el ejercicio de pensar sobre la revolución, en estos días, está en boga. Así, un tema interesante para sumar a esta charla centenaria, entre tantos otros, es la relación existente entre la revolución y el ferrocarril. ¿Se hubiese dado la revolución sin el tren?
Como lo recreara Rafael F. Muñoz en Vámonos con Pancho Villa (1935) y tantos otros relatos de la revolución, la relación que guardaron las líneas férreas y los ejércitos revolucionarios fue inmensa. El tren lo fue todo para la revolución: el traslado del armamento, de los caballos, los cañones, los víveres, los ejércitos, etcétera; sin el tren, la bola hubiese sido imposible, o prácticamente inoperante como movimiento armado. Igualmente, gracias al tren, los revolucionarios pudieron tender emboscadas al ejército federal o decomisar cargas de dinero, porque todo se transportaba sobre rieles. Y es curioso, pero así como los revolucionarios se sirvieron del ferrocarril, al llegar al poder, y conforme pasaron los gobiernos revolucionarios, éstos dejaron de lado al tren.
Sobre este tema, en el libro El juicio (Grijalbo, 1984), Carlos Loret de Mola –el abuelo de Loret de Mola de Televisa– traza una crítica muy buena. En un apócrifo diálogo entre Quetzalcóatl, Porfirio Díaz, Madero, Huerta, Obregón, Calles, Cárdenas, Ruíz Cortines, López Meteos y Díaz Ordaz para enjuiciar a López Portillo, también apócrifamente presente, este periodista y escritor yucateco –que también fue político y llegó a ser gobernador de su estado– critica que los revolucionarios no hayan cuidado la herencia que don Porfirio les había dejado con los trenes.
En el citado diálogo imaginario se pueden encontrar muchas críticas a la revolución. Precisamente, en uno de los pasajes de la plática que hace a este clásico, Porfirio Díaz toma la palabra y dice que los herederos de la revolución y sus líderes no supieron cuidar y desarrollar los ferrocarriles. En tal sentido, don Porfirio dice que ése fue el peor error de la descendencia revolucionaria: no invertir en el ferrocarril para usarlo como principal medio de comunicación y plataforma para el desarrollo, tal como él lo había hecho. Quetzalcóatl asiente y López Portillo, hablando por todos los demás, defiende lo indefendible diciendo que hubieron cosas peores producto de la revolución. Así, más allá del error ferroviario, el apócrifo Quetzalcóatl dice que, para ser precisos, la peor herencia de la revolución fue el híper-presidencialismo priísta.
Pero la observación que Loret de Mola le hace esgrimir a Porfirio Díaz es correcta: el ferrocarril fue la base del progreso en el porfiriato, y no hubiese sido malo que, en lugar de extinguirlo, los subsiguientes gobiernos emanados de la revolución y del PRI hubiesen desarrollado el ferrocarril, como por ejemplo lo hicieron los Estados Unidos y otros países desarrollados. Sin dudas que la historia hubiese sido otra, ya que el país se hubiese relacionado más entre sí y el centralismo no hubiese sido la pauta para el desarrollo demográfico.
Con todo, la crítica sobre los ferrocarriles y la revolución que Loret de Mola hace en su libro El juicio es interesante de traer a colación: los revolucionarios se sirvieron del tren para, luego, pasarlo al olvido, lo cual fue un error. Así, tratando de responder a la pregunta que abrió este artículo, se puede decir que, sin el tren la revolución no hubiese sido fácil o realizable. Por otro lado, se puede pensar que, desde que desapareció el tren, los problemas para comunicar la zona conurbada de Puebla se han complicado cada vez más. En fin, quizá la relación entre la revolución y el ferrocarril sea un tema a tener en cuenta a la hora de pensar en el centenario de lo que iniciaran Francisco I. Madero, los hermanos Serdán y tantos otros héroes, como Villa y Zapata.
![]() |
| ¿Cómo iban a viajar estos revolucionarios, si no? |
viernes, 5 de noviembre de 2010
Impresiones del Estado laico en Puebla, México y el mundo
La Constitución Política del Estado Libre y Soberano de Puebla fue reformada el pasado jueves 28 de octubre. En sesión del pleno del Congreso del Estado se modificó el Artículo 2, el cual establece qué forma de gobierno adopta la Entidad. Además de decir que el Estado es republicano, representativo y popular, ahora se hace explícito que es laico. Una primera impresión de esta reforma es que, no habiendo un Estado teocrático en Puebla y en cambio habiendo, de hecho y de derecho, un Estado laico –resguardado por las libertadas y garantías individuales plasmadas en la Constitución–, modificar una artículo constitucional que no presentaba problemas para la democracia y que, en cambio, tensa el ambiente político, puede ser poco oportuno. Otra impresión es que se confirma un recurrente hecho histórico mexicano: en México, a diferencia de lo que ocurre en otros países latinos europeos y americanos, siempre ha existido una atención recurrente y recelosa, por decirlo de alguna manera, en relación a la laicidad del Estado. Así, con todo lo que significa la separación del Estado y la Iglesia para la historia mexicana y para el orden político, la interesante discusión que tomó lugar en el parlamento local, y que duró un par de intensas horas, seguramente no acabará allí.
Primera impresión:
Entre los argumentos que se dieron para la reforma constitucional, se dijo que si bien en la máxima ley local nunca hubo algún tipo de connotación religiosa o que dijese que la fe católica es la oficial del Estado, ahora se hace explícito que éste es laico. “La separación Iglesia-Estado es vital para el desarrollo de un Estado democrático y liberal”, se dijo y resaltó la continuidad histórica de esta modificación constitucional con lo que iniciara Juárez. “Lo que se busca es reafirmar la neutralidad religiosa del Estado”, palabras más palabras menos podría sintetizarse la idea-fuerza de la reforma. Pero en ese texto no se incluyó que también se asegure la libertad religiosa, es decir, el respeto por la diversidad de credos y la posibilidad de que éstos existan y se practiquen. Esto alzó, por lo menos, una controversia en la votación de la reforma constitucional: además de tocar un tema que no presentaba problemas para el desarrollo del Estado democrático y liberal en Puebla, ahora el texto constitucional se presta para la confusión en torno a los límites de un Estado laico y uno ateo. No es un tema menor y seguramente tendrá repercusiones jurídicas importantes.
Ahora bien, no hay dudas que la laicidad del Estado es fundamental para un sistema político republicano, democrático y liberal. Por lo mismo, con todo y que la religión católica es la más importante de México y Puebla, después de las Leyes de Reforma nadie ha dudado de la implementación de la máxima, “al Cesar lo que es del Cesar y a Dios lo que es de Dios”. Cuando gente de Calles y Cárdenas lo dudaron, a finales de la década del 20, los muertos cristeros rebasaron a los revolucionarios en mucho menos tiempo. (Como dato curioso, en la parroquia de Santa María de la Asunción, en el zócalo de Amozoc, yace como testimonio una placa que firma “Viva Cristo Rey”). Es decir, y por supuesto que esto es sólo una opinión al respecto y no se ve nada factible que pudiese haber un resurgimiento de los cristeros, no se entiende claramente la necesidad, la urgencia y el sentido de oportunidad de esta reforma, y más teniendo en cuenta los costos que acarrea en términos políticos, justo en medio de inéditos tiempos de transición y alternancia de gobierno.
Segunda impresión:
Buscando considerar el asunto desde distintos ángulos, habría que tomar en cuenta la comparación histórica con otros países que también profesan una fe católica importante. Para hacer una comparación que a lo mejor sea un poco osada en términos científicos pero que es interesante, la Iglesia católica, o más bien el Vaticano en tiempos del Papa Pio XII, fue determinante para que en la Italia de la posguerra el comunismo no ganase las elecciones de 1948. Pasar del fascismo al comunismo, de Mussolini al partido satélite de Stalin, hubiese significado un golpe colosal para la recién reunificada república italiana y la región. Pero la Democracia Cristiana ganó la histórica elección e Italia se convirtió en una democracia y potencia económica.
Mucho se ha debatido sobre aquella elección histórica de 1948: que fue la primera misión encubierta de la CIA en la Guerra Fría; que la mafia sureña brindó su apoyo para frenar liderazgos comunistas; que los Estados Unidos financió la campaña de los demócratas cristianos; que el Vaticano favoreció el discurso anti comunista; etcétera, etc. Pero la intervención del Vaticano, que estaba preocupada por la llegada del comunismo, es decir, del ateísmo y el cese del Tratado de Letrán –que estableció la autonomía del Estado Vaticano en Roma–, en definitivas coadyuvó a que se estableciera una democracia liberal en Italia.
Conclusión tentativa y parcial:
Este ejemplo puede servir para tomar en cuenta que no necesariamente la Iglesia es contraria a la instauración y desarrollo de un Estado democrático, laico, plural, liberal, etcétera. Asimismo, se puede ver que, quizá como en ningún otro país, en México la no intromisión de la Iglesia en la política es causa de un conflicto político muy enraizado y a veces desdibujado, tanto en la historia como en la actualidad. Este hecho, y bienvenido porque es parte de la democracia, aunque parezca mentira crispa el ambiente político y puede perjudicar el avance de legislaciones y políticas eficaces, eficientes y, por sobre todo, prioritarias. Al tiempo, tiempo.
domingo, 31 de octubre de 2010
Crónica de los últimos días de Néstor Kirchner
El periódico dominical Perfil publicó hoy una crónica de Fernando Oz sobre los últimos días del ex presidente y ex precandidato a la presidencia, Néstor Kirchner. La reproducimos entera.
Domingo 24-10-10
El domingo se lo vio a Kirchner caminar por la costanera de El Calafate; también pasó por el centro de la villa turística. Pero la mayor parte del día se la pasó recluido en su casa, donde no paró de hablar por teléfono con sus principales colaboradores.
Las encuestas que publicaron ese día diferentes diarios pusieron de buen humor a Kirchner. Los números daban cuenta de que el matrimonio seguían encabezando la intención de voto a presidente de cara a 2011, en cuatro escenarios electorales posibles, incluso superando los guarismos de la UCR y el PRO sumados. “Me preguntó si había visto las encuestas que publicaron los diarios. Estaba muy contento”, comentó a PERFIL un empresario de El Calafate que habló el domingo con Néstor.
Los números favorables habían entusiasmado en los últimos meses a Kirchner para empezar a bocetar su posible postulación en 2011. De hecho hasta se sometió a una serie de estudios médicos para determinar si después de la última angioplastía estaba en condiciones físicas de afrontar una campaña. Después de leer los diarios, Néstor comenzó a organizar el acto que iba a realizar el jueves por la tarde para celebrar el primer aniversario de la creación del programa social Asignación Universal por Hijo.
El lugar elegido era el Parque Municipal Eva Perón, de Lomas de Zamora. Allí iban a estar el gobernador de Buenos Aires, Daniel Scioli; el intendente de Lomas de Zamora, Martín Insaurralde, y el director ejecutivo de la Anses, Diego Bossio, entre otros.
Kirchner también tenía agendado otro acto con Scioli. Iba a ser el viernes en Mar del Plata.
Cristina, con su estado gripal a cuestas, escribió en su Twitter: “Fotos en Santa Cruz, en todo el país y desde hace más de 7 años en el resto del mundo”.
Además criticó una columna del diario Página/12: “Lectura de diarios I. Cronista prestigioso de Página 12 que respeto por su honestidad, comete injusticia con Ministro de Justicia Julio Alak”.
Se refirió así a las críticas de Horacio Verbitsky contra el funcionario.
Lunes 25-10-10
El resfrío que se había pescado el viernes la Presidenta se convirtió en un fuerte estado gripal con angina; y el lunes suspendió todas sus actividades oficiales y decidió quedarse con Néstor en El Calafate para esperar el censo del miércoles.
El martes, la jefa del Estado tenía previsto trasladarse a Río Grande, Tierra del Fuego, para encabezar dos actos: recorrer el centro de capacitación laboral de la Unión Obrera Metalúrgica y dejar inaugurada la sede gremial. Posteriormente, tenía agendado encabezar una recepción para 200 invitados en el Polideportivo Municipal Carlos Margalot.
Pero mientras Cristina se quedó descansando en la cama, tal como se lo habían recomendado los médicos de la Presidencia, se puso a leer La gran epopeya, el combate de la Vuelta de Obligado, del historiador Pacho O’Donnell. “No puedo estar sin hacer nada”, decía la Presidenta.
Néstor, que tampoco podía estar sin hacer nada, se la pasaba haciendo llamadas telefónicas y dirigiendo las cosas desde la residencia. El dirigente del Movimiento Evita y diputado de la provincia de Buenos Aires, Fernando “Chino” Navarro, fue uno con los que habló.
También se comunicó con otros dirigentes vinculados con los transversales, ese espacio político que quería volver a relanzar. La reunión del PJ bonaerense que se iba a realizar el martes era clave. Y fue uno de los principales dolores de cabeza que le ocasionó a Kirchner al día siguiente.
Martes 26-10-10
Kirchner estuvo atento al encuentro que realizó el titular del PJ bonaerense, Hugo Moyano, con la cúpula partidaria. El cónclave se desarrolló en momentos en que Moyano mantenía una fuerte fricción con Daniel Scioli.
En la residencia de Los Sauces, estaban los secretarios privados de la Presidenta, Isidoro Bounine y Pablo Barreiro. “Les dejo un video que ya subimos hoy, para los que no lo vieron, estrenando el canal YouTube de Casa Rosada”, publicó Cristina en su twitter. También publicaba bromas sobre su gripe: “Quien te dice…, a lo mejor me ayuda con la gripe y las anginas. Quiero sentirme bien para recibir mañana al censista”.
Quien más llamados telefónicos recibió esa tarde de Néstor Kirchner fue el ministro Florencio Randazzo. Por algún motivo que sólo pocos conocen en detalle, Kirchner estaba preocupado por “diferencias” que había en la cúpula del peronismo bonaerense. Después de la reunión del PJ bonaerense Kirchner escuchó una serie de reproches de parte de Moyano. El jefe de la CGT se mostró molesto por la falta de apoyo que habría tenido durante la reunión del consejo partidario; se quejó por la ausencia de algunos funcionarios que son consejeros.
Diferentes fuentes coinciden en que hubo una fuerte discusión entre ambos. Kirchner se relajó después de recibir la visita del empresario y amigo Lázaro Báez, quien llegó acompañado por su esposa. La cena, en la que también participó Cristina, se extendió hasta las 1.30.
Miércoles 27-10-10
Las últimas horas de Néstor Kirchner fueron tan vertiginosas como su propia vida. Se despertó pocos minutos antes de las siete y estaba impaciente por la llegada de los diarios. Comenzó a sentirse mal y decidió acostarse.
Poco antes de las 7.30 se agarró el pecho y comenzó a agonizar. Tres guardias de la custodia presidencial fueron los primeros en llegar al dormitorio presidencial, habían acudido a los gritos de Cristina. Mientras uno de los guardias trataba de reanimarlo, el segundo fue a llamar al profesional de la Unidad Médica Presidencial que estaba de turno, y el tercero llamó a la ambulancia.
El tiempo que tardó en hacer la ambulancia las seis cuadras que separan al hospital municipal de la residencia Los Sauces, el médico de la Presidencia utilizó el desfibrilador durante cinco minutos. Cristina llegó al hospital junto con Néstor, no se quería separar de la camilla. Un pelotón de médicos se sumó a los que ya estaban de guardia en el nosocomio local. Mientras el médico presidencial le pasaba la información de la situación clínica del paciente al jefe de la Unidad Médica Presidencial, Luis Buonomo. Kirchner recibió nuevas cargas del desfibrilador, está vez se utilizó el que tienen en el hospital. “Kirchner entró clínicamente vivo, pero con el ritmo cardíaco de asistolia, es decir que ya no tenía latidos. Se hizo todo lo posible y con todo lo que teníamos”, explicó a PERFIL uno de los 16 médicos que intentaron salvarlo.
“Yo no voy a dejar a mi marido”, dijo con firmeza la Presidenta cuando los médicos le sugirieron que dejara la sala donde estaban intentando reanimar a Néstor Kirchner.
Según el director del Hospital José Formenti de El Calfate, Marcelo Bravo, Néstor ingresó “con un estado de paro cardiorrespiratorio, estaba vivo”. Diferentes fuentes consultadas, que estuvieron presentes durante mientras Néstor era atendido, coincidieron en destacar la “entereza” que tuvo Cristina frente a la situación límite. “Lloraba desconsoladamente, estaba destruida. Pero en ningún momento la vi en estado de shock emocional, no estaba sacada, como se podía haber esperado que estuviese”, comentó uno de los médicos.
![]() |
| Martes 26 al mediodía, la última foto (so far) |
http://www.diarioperfil.com.ar/edimp/0519/articulo.php?art=25212&ed=0519
viernes, 29 de octubre de 2010
Falleció Néstor Kirchner
En la mañana del miércoles murió de un paro cardiorrespiratorio no traumático el ex presidente de Argentina, Néstor Kirchner. La noticia recorrió los medios de comunicación de buena parte del mundo y conmocionó el ambiente latinoamericano, particularmente el argentino. Aunque Kirchner era ex presidente, era el esposo de la actual presidente, Cristina Fernández de Kirchner, y era quien estaba por detrás de toda acción que ésta emprendiese como gobernante. Además, era el presidente del Partido Justicialista, el peronismo, y su figura era una de las más importantes de la política argentina actual. Así, la muerte de Néstor Kirchner, entre muchas cosas, puso de luto a la Argentina al tiempo que posiblemente cierre una etapa política y abra otra en ese país.
Néstor Kirchner tenía 60 años y fue presidente de Argentina en el cuatrienio del 2003 al 2007, tres veces gobernador de la patagónica provincia de Santa Cruz y una vez alcalde de la capital de esa despoblada provincia. Cuando ganó las elecciones presidenciales en mayo de 2003 (aunque en realidad no ganó la elección, ya que el ex presidente Carlos Menem se llevó la primera vuelta pero no se presentó a la segunda porque, dado que había más anti-menemismo que otra cosa, irremediablemente iba a perder en el ballotage), la mayoría de los argentinos no lo conocía. Pero con medidas acertadas con respecto a los derechos humanos y los juicios a la junta militar de la última dictadura, así como con contexto económico favorable, Kirchner se ganó su lugar como el que sacó a la Argentina del letargo producido por la crisis del 2001.
Al principio de su mandato, debido al bajo porcentaje de votación, fue el transversalismo, un pacto entre peronistas, sindicalistas, radicales, independientes, progresistas y sobre todo anti-menemistas, lo que Kirchner ideó para acumular apoyo político. Pero desde el segundo año de su gestión, cada vez fue más claro que su base real de poder estaba en el sindicalismo charro de la CGT, (Confederación General de Trabajadores), liderado por Hugo Moyano, un cuestionadísimo líder sindical que siempre pactó con el que estaba en el poder. Entonces, al tiempo que Kirchner se apoyó cada vez más en el sindicalismo, se enfrentó con los sectores más poderosos y tradicionales del país, regenerando la lógica amigo-enemigo de la política que en Argentina supo encarnar, en diferentes períodos de la historia, el peronismo.
Así, hasta el día de su muerte, el principal enemigo o adversario, depende el enfoque, de Kirchner fue el ex presidente Menem, la década neoliberal y aquellos que se beneficiaron en los 90. Diferenciarse de la década menemista, le sirvió para diferenciarse de los emblemas más desgastados y deslegitimados de la política argentina de los últimos lustros. Kirchner encarnó un discurso parecido al que en México personifica López Obrador. Por lo mismo, desde el 2005, después de una especie de primavera kirchnersita, el gobierno K se bandeó. Primero, con él como presidente y después como ex presidente en funciones detrás de su esposa presidente, Kirchner embistió cruzadas titánicas contra el sector agropecuario, representado por la centenaria Sociedad Rural Argentina, y contra los medios privados de comunicación, principalmente los periódicos Clarín y La Nación, por nombrar algunos de los casos paradigmáticos de un gobierno que se destacó por agigantar el Estado, su rol y enfrentarlo contra los intereses más importantes del país.
En el frente externo, como en el ámbito doméstico, Kirchner buscó hacerse fuerte mediante la crispación de la puja política de la lógica “ellos contra los otros”. Es decir, también en el ámbito internacional el antagonismo fue la marca K para conducir la Argentina, por eso se alió a Chávez, Correa, Evo Morales, culpó al FMI de los problemas argentinos y llegaba tarde a la ONU. Quizá el caso que la historia recuerde mucho como un ejemplo de la política internacional de Kirchner, fue cuando en marzo de 2005, en el balneario de Mar del Plata, Kirchner fue el anfitrión que confrontó abiertamente al entonces presidente de los Estados Unidos, George W. Bush, para junto a Chávez terminar el ALCA (el proyecto de libre comercio continental liderado por Washington) allí. También, destacó por su alianza con Chávez y por aceptar petrodólares de Venezuela para pagar intereses de la deuda externa argentina.
Con todo, todavía es prematuro el análisis o la historia de Néstor Kirchner y su legado. Pero sin duda que su fallecimiento cambia el tablero de juego en la política argentina y, por ende, regional. Kirchner fue un político que supo usar la lógica amigo-enemigo como base discursiva y era quien estaba por detrás del gobierno de su mujer imprimiendo mucho más que el estilo y la agenda. Era el líder de la corriente “nacional y popular”, como se autodefinió el kirchnerismo, y de hecho su resucitador. Pero Kirchner ya no está, y las conjeturas sobre el futuro son muchas y son de final abierto. Quizá una nueva etapa se abra en Argentina, pero puede ser la del crecimiento del poder sindical de los gordos charros de la CGT como Moyano, la de la consolidación del modelo kirchnerista-progresista o más bien nacionalista, o la debacle del matrimonio Kirchner en el poder.
La presidente Cristina Fernández de Kirchner, la viuda de Néstor, tiene un gran desafío por delante, ya que pierde a su esposo, al padre de sus hijos y a su socio político. Ella ha dicho muchas veces que Néstro era su jefe político, por lo que la pérdida es grande para la presidente. Sin embargo, a poco más de un año de las elecciones presidenciales y con poco más de un año de gobierno, Cristina tiene la oportunidad de dar una cara más humana ante sus detractores, bajar el tono a la constante confrontación política que su esposo incitaba y retrucaba, poner frenos al poder sindical de la CGT y Moyano, y muchas otras cosas que seguramente ayudarían a encarrilar su gobierno y fortalecer la institucionalidad que prometió tres años atrás.
En fin, el fallecimiento de Néstor Kirchner, aunque repentino, era de preverse: es el desenlace del delicado cuadro clínico que el ex presidente, diputado federal, precandidato del oficialismo y esposo de la actual presidente de Argentina había negado públicamente, con todo y que solamente en este año le habían practicado dos operaciones cardiológicas. También es el resultado de una persona híper-tensa que no hizo caso a los que saben de salud, es decir, los médicos. Aunque le recetaron reposo, Kirchner prefirió desobedecer para hacer política con la intensidad de una persona sana. Quizá pasaba lo mismo con los economistas que lo alertaban de la inflación y él no escuchaba porque así era su forma de ser, un animal político. Que en paz descanse.
Néstor Kirchner tenía 60 años y fue presidente de Argentina en el cuatrienio del 2003 al 2007, tres veces gobernador de la patagónica provincia de Santa Cruz y una vez alcalde de la capital de esa despoblada provincia. Cuando ganó las elecciones presidenciales en mayo de 2003 (aunque en realidad no ganó la elección, ya que el ex presidente Carlos Menem se llevó la primera vuelta pero no se presentó a la segunda porque, dado que había más anti-menemismo que otra cosa, irremediablemente iba a perder en el ballotage), la mayoría de los argentinos no lo conocía. Pero con medidas acertadas con respecto a los derechos humanos y los juicios a la junta militar de la última dictadura, así como con contexto económico favorable, Kirchner se ganó su lugar como el que sacó a la Argentina del letargo producido por la crisis del 2001.
Al principio de su mandato, debido al bajo porcentaje de votación, fue el transversalismo, un pacto entre peronistas, sindicalistas, radicales, independientes, progresistas y sobre todo anti-menemistas, lo que Kirchner ideó para acumular apoyo político. Pero desde el segundo año de su gestión, cada vez fue más claro que su base real de poder estaba en el sindicalismo charro de la CGT, (Confederación General de Trabajadores), liderado por Hugo Moyano, un cuestionadísimo líder sindical que siempre pactó con el que estaba en el poder. Entonces, al tiempo que Kirchner se apoyó cada vez más en el sindicalismo, se enfrentó con los sectores más poderosos y tradicionales del país, regenerando la lógica amigo-enemigo de la política que en Argentina supo encarnar, en diferentes períodos de la historia, el peronismo.
Así, hasta el día de su muerte, el principal enemigo o adversario, depende el enfoque, de Kirchner fue el ex presidente Menem, la década neoliberal y aquellos que se beneficiaron en los 90. Diferenciarse de la década menemista, le sirvió para diferenciarse de los emblemas más desgastados y deslegitimados de la política argentina de los últimos lustros. Kirchner encarnó un discurso parecido al que en México personifica López Obrador. Por lo mismo, desde el 2005, después de una especie de primavera kirchnersita, el gobierno K se bandeó. Primero, con él como presidente y después como ex presidente en funciones detrás de su esposa presidente, Kirchner embistió cruzadas titánicas contra el sector agropecuario, representado por la centenaria Sociedad Rural Argentina, y contra los medios privados de comunicación, principalmente los periódicos Clarín y La Nación, por nombrar algunos de los casos paradigmáticos de un gobierno que se destacó por agigantar el Estado, su rol y enfrentarlo contra los intereses más importantes del país.
En el frente externo, como en el ámbito doméstico, Kirchner buscó hacerse fuerte mediante la crispación de la puja política de la lógica “ellos contra los otros”. Es decir, también en el ámbito internacional el antagonismo fue la marca K para conducir la Argentina, por eso se alió a Chávez, Correa, Evo Morales, culpó al FMI de los problemas argentinos y llegaba tarde a la ONU. Quizá el caso que la historia recuerde mucho como un ejemplo de la política internacional de Kirchner, fue cuando en marzo de 2005, en el balneario de Mar del Plata, Kirchner fue el anfitrión que confrontó abiertamente al entonces presidente de los Estados Unidos, George W. Bush, para junto a Chávez terminar el ALCA (el proyecto de libre comercio continental liderado por Washington) allí. También, destacó por su alianza con Chávez y por aceptar petrodólares de Venezuela para pagar intereses de la deuda externa argentina.
Con todo, todavía es prematuro el análisis o la historia de Néstor Kirchner y su legado. Pero sin duda que su fallecimiento cambia el tablero de juego en la política argentina y, por ende, regional. Kirchner fue un político que supo usar la lógica amigo-enemigo como base discursiva y era quien estaba por detrás del gobierno de su mujer imprimiendo mucho más que el estilo y la agenda. Era el líder de la corriente “nacional y popular”, como se autodefinió el kirchnerismo, y de hecho su resucitador. Pero Kirchner ya no está, y las conjeturas sobre el futuro son muchas y son de final abierto. Quizá una nueva etapa se abra en Argentina, pero puede ser la del crecimiento del poder sindical de los gordos charros de la CGT como Moyano, la de la consolidación del modelo kirchnerista-progresista o más bien nacionalista, o la debacle del matrimonio Kirchner en el poder.
La presidente Cristina Fernández de Kirchner, la viuda de Néstor, tiene un gran desafío por delante, ya que pierde a su esposo, al padre de sus hijos y a su socio político. Ella ha dicho muchas veces que Néstro era su jefe político, por lo que la pérdida es grande para la presidente. Sin embargo, a poco más de un año de las elecciones presidenciales y con poco más de un año de gobierno, Cristina tiene la oportunidad de dar una cara más humana ante sus detractores, bajar el tono a la constante confrontación política que su esposo incitaba y retrucaba, poner frenos al poder sindical de la CGT y Moyano, y muchas otras cosas que seguramente ayudarían a encarrilar su gobierno y fortalecer la institucionalidad que prometió tres años atrás.
En fin, el fallecimiento de Néstor Kirchner, aunque repentino, era de preverse: es el desenlace del delicado cuadro clínico que el ex presidente, diputado federal, precandidato del oficialismo y esposo de la actual presidente de Argentina había negado públicamente, con todo y que solamente en este año le habían practicado dos operaciones cardiológicas. También es el resultado de una persona híper-tensa que no hizo caso a los que saben de salud, es decir, los médicos. Aunque le recetaron reposo, Kirchner prefirió desobedecer para hacer política con la intensidad de una persona sana. Quizá pasaba lo mismo con los economistas que lo alertaban de la inflación y él no escuchaba porque así era su forma de ser, un animal político. Que en paz descanse.
![]() |
| Velorio de Néstor Kirchner en la Casa Rosada (Perfil.com) |
viernes, 22 de octubre de 2010
Shooting the messenger: Media freedom in Latin America
REPORTERS are notorious for shrugging off danger to get a good story. So when El Diario, a newspaper in the Mexican border city of Ciudad Juárez, ran a front-page editorial last month asking for guidelines from drug gangs as to what it should censor, journalists around the world were shocked. Calling the city’s mobs “the de facto authorities in this city”, the article pleaded: “Gentlemen…please explain to us…what you would like us to publish or stop publishing…because the last thing we want is for another one of our colleagues to fall victim to your gunshots.” Three days earlier, a trainee photographer at the paper had been murdered.
With democracy having replaced dictatorship everywhere bar Cuba in Latin America, the region’s media face few of the menaces of the past, such as censorship or the army kidnapping, torturing and murdering journalists. But in several countries the media are finding that freedom from state repression does not mean they can publish what they please. “Coming out of dictatorships and the cold war, we expected more respect for civil and human rights,” says Alejandro Aguirre of the Inter-American Press Association, an industry body. “But things have got worse. There’s a new wave of restrictions on the media.”
The biggest threat now comes from organised crime, whose attacks against journalists often have the aim of inducing self-censorship. Mexico has become especially dangerous. According to the Committee to Protect Journalists (CPJ), a New York-based organisation, at least 37 media workers have been killed or gone missing in Mexico since 2006. Most of the crimes have taken place along key drug-trafficking routes.
Mexico’s mafias have become surprisingly media-conscious. In February two gangs, the Gulf “cartel” and the Zetas, imposed a joint “news blackout” as they fought each other to control Reynosa, on the Texas border. Eight reporters who disobeyed were kidnapped (at least three are confirmed dead). Because the media refused to cover the battle, the mayor’s office issued updates on Twitter, a micro-blogging service. Other gangs have tried to use journalists to their advantage. In July some reporters from Televisa, Mexico’s biggest television network, were kidnapped. They were freed after another channel agreed to broadcast a video accusing the government of aiding a rival gang.
In Colombia the press suffered similar perils in the past, especially in remote towns. According to the CPJ, 51 journalists were killed in Colombia from 1997 to 2003. This fell to just 11 between 2004 and 2010.
Whereas Colombia has got safer, Central America has become more dangerous. In Honduras eight journalists have been killed this year. Some of the victims opposed a coup in 2009—a new government was elected in November—or backed peasant land-reform movements. Others were reporting on drug traffickers. At least one was accused by colleagues of trying to extort money by threatening negative coverage. None of the cases has been solved.
The second big threat to the media comes from governments. With the notable exception of the post-coup regime in Honduras last year, the principal offenders have been populist, left-wing elected leaders. When media outlets oppose such rulers they often face harassment.
Hugo Chávez has closed a Venezuelan television network, 32 radio stations and two local television channels by refusing to renew their licences. Gustavo Azócar, a journalist who criticised one of Mr Chávez’s political allies, was jailed for eight months on dubious charges. Guillermo Zuloaga, the owner of an opposition television network, fled the country after a judge ordered him to be sent to a violent prison to await trial on charges relating to his business dealings. And media workers handing out leaflets calling for freedom of the press last year were beaten by assailants who were never punished.
In Ecuador, the government of Rafael Correa has increased its grip on the media. It now controls some 20 media companies, including two television stations seized from fugitive bankers. Mr Correa’s supporters included in the new constitution a measure to ban banks from owning media. A planned government bill would place further curbs on the media. During a police mutiny last month all television and radio stations were required to broadcast only government-supplied information.
Argentina’s ruling couple, President Cristina Fernández and her husband and predecessor, Néstor Kirchner, are trying to dismantle the Clarín Group, the country’s biggest media conglomerate, after its coverage of them turned negative in 2008. Their tactics have included sending tax agents to raid its offices; enticing Argentina’s football league to break its contract with a Clarín-owned cable channel; cancelling the company’s licence to provide internet service; and trying to increase state control of the country’s sole newsprint producer. They also won passage of a law in 2009 that would force Clarín to divest key assets within a year, although the courts have blocked enforcement of the deadline. Separately, they have increased the government’s advertising budget from $16m in 2003 to $223m last year, enabling them to “buy” friendly coverage from media that depend on those revenues.
Bolivia’s government recently passed a law allowing it to close media that publish content it deems racist. Daniel Ortega, Nicaragua’s president, had a critical journalist charged with money laundering, and freed two prisoners who had killed reporters.
There is merit to these governments’ complaint that a few private hands control too much of the media. Yet all too often their remedies seem aimed at preserving that power—and shifting it to the state.
The Economist - The Americas - Oct. 21, 2010
http://www.economist.com/node/17311905
miércoles, 13 de octubre de 2010
De los 20 años del IFE y lo que se viene
Este lunes se cumplieron 20 años del nacimiento del Instituto Federal Electoral (IFE). En este tiempo de transición hacia la democracia, en México las reglas del juego político cambiaron y mucho. El paso parecería lento, por momentos erróneo y sinuoso, pero de haber elecciones fraudulentas para nada competitivas, en donde todos sabían de antemano el ganador, se pasó a un marco electoral dentro de todo democrático, respetado por las partes y competitivo. Así, desde 1990 el IFE ha organizado siete procesos electorales federales en donde, de a poco y aunque las opiniones al respecto siempre encontrarán gente a favor y gente en contra, se empezó a palpar un cambio democrático en la historia política de México.
Claro está que uno de los pilares de la democracia es que el resultado de las elecciones sea aceptado por las partes. Como en México el problema del sistema político radicaba en que no se respetaba el voto, había que buscar la manera de que sí se respetase. Con este principio como base, entre varios otros, el IFE se erigió como el símbolo institucional de la democracia en el país. Por eso, a grandes rasgos, la labor del IFE fue fundamental para que, por medio de las reformas al sistema electoral promovidas en estos últimos veinte años –que parecen pocos para la historia bicentenaria pero que son bastantes–, en México haya cierta pluralidad política, alternancias de mayorías legislativas, de partidos en la presidencia de la república y elecciones mínimamente democráticas.
Dicho lo anterior, el 2006 fue un proceso electoral costosísimo para el IFE, y no solamente en términos monetarios. López Obrador y su campaña de fraude resintieron la confiabilidad de muchos mexicanos hacia el IFE, es decir, hacia el mecanismo que se había encontrado para asegurar una democracia mínima en el país. Así, en el 2007 se concluyó que la urgencia era evitar las campañas sucias entre los candidatos y revisar la manera en que se gestionaban y repartían los tiempos de aire en la televisión. Pero la reforma electoral de aquel año fue severamente criticada porque acotó libertades en nombre de equidades y las campañas sucias continuaron. Justamente, a 20 años de la creación del IFE, la imparcialidad del árbitro electoral está sujeta de sospechas por el aparente convenio mediático de Peña Nieto, el destapado del PRI, y Televisa.
Si algo sobresale en la cotidianidad de la política mexicana, en la grilla, es la constante presencia en la televisión del gobernador del Estado de México. Peña Nieto está en la pantalla más tiempo que gente que trabaja en los mismos medios. Su "informe de gobierno", por ejemplo, lo pasaron en todos los canales y a todas horas. Con el cinismo al estilo priísta de antaño, el gobernador de uno de los estados del país que no necesariamente destaca por su desarrollo humano, habla fuera de tiempo y lugar sobre asuntos que efectivamente hacen a la campaña electoral de un candidato presidencial. Es un hecho: Peña Nieto está como celebridad de los paparazi de la televisión, imponiendo no ya su candidatura a la presidencia, sino su arribo a Los Pinos.
Así las cosas, a 20 años de la creación del IFE, el 2012 está a la vuelta de la esquina y, sin dudas, será uno de los retos más duros para el IFE desde su creación. Por lo que se ve en la televisión, la campaña de Peña Nieto es ilimitada en recursos, poco transparente, demagógica, mentirosa, carente de todo rasgo democrático, mas arrolladora en tiempo aire de televisión. En síntesis, a diferencia de las elecciones del 2000 y 2006, el PRI ahora sí tiene gallo; ¿podrá el IFE lograr que el PRI se atenga a las reglas? Por el comportamiento de Peña Nieto en la televisión, responder que el IFE sí podrá hacerlo pareciera ser complicado.
sábado, 2 de octubre de 2010
Derivaciones de Ecuador
En referencia al “intento fallido de golpe de Estado” en Ecuador el jueves pasado, el consultor político ecuatoriano Jaime Durán Barba dijo:
Desgraciadamente, los gobiernos cercanos al coronel Hugo Chávez tienen posiciones autoritarias. El origen de este problema radica en que el presidente Rafael Correa no dialoga y ataca reiteradamente a las Fuerzas Armadas ecuatorianas. Igualmente, nunca se justifica que haya una sublevación militar a un gobierno elegido democráticamente (Perfil, sábado 2 de octubre de 2010).
La opinión de Barba sonó sensata, prudente, constructiva y es digna de citar por lo siguiente: Durán Barba vive y trabaja en Buenos Aires asesorando al alcalde de la Ciudad de Buenos Aires, Mauricio Macri. En Argentina, Macri es el político más golpeado por el matrimonio Kirchner, es el “cachorro del imperio”, en términos nacionales y populares. Es acusado de derechista, de fascista, de golpista, de ser aliado a los intereses que en el pasado acompañaron a los golpes de Estado, entre muchas otras cosas dignas de tabloides sensacionalistas. Por eso, la opinión de Barba Durán parece indicada para pensar en lo sucedido en Ecuador el jueves pasado, que bien pudo ser un intento de golpe, una sublevación de mandos bajos de la policía o un secuestro presidencial montado, pero que no se justifica porque a Correa lo eligió el voto de la gente ecuatoriana por cuatro años, no por tres.
Es sabido que el presidente ecuatoriano, Rafael Correa, constantemente está buscando la confrontación y descalifica o manda a callar a la crítica. Ese es un estilo compartido por él, Hugo Chávez, Evo Morales y los Kirchner, no por Lula o Mujica, por ejemplo. Días antes a los acontecimientos del jueves en Ecuador, la oposición política estaba recabando firmas para, constitucionalmente, revocar el mandato del presidente. En medio de descalificaciones oficialistas, el uso de la lógica amigo-enemigo por parte de Correa y el intento de éste por clausurar las labores de la Asamblea Nacional, la situación en Ecuador no era precisamente democrática. Es decir, un presidente que quiere cerrar el parlamento, interviene el Poder Judicial y amilana a los medios de comunicación críticos, si bien es democrático porque fue elegido por el voto ciudadano, su desempeño deja mucho que desear en ese sentido.
Sin embargo, es importante subrayar la opinión de Durán Barba porque lo fundamental es apoyar la democracia para que no se intente quitar un gobierno constitucional y democrático por la fuerza, ya sea éste conservador, liberal, populista o cualesquiera sea su extracción. Claro que la discusión siempre está en este respecto, y gobiernos como los de Correa no necesariamente son los más poliárquicos. Pero eso no justifica la desestabilización, y cabe remarcarlo.
En otro aspecto pero relacionado, es interesante fijarse en las palabras que se usan para referirse a lo que pasó en Ecuador. Entre muchas frases de sentido común y palabras anacrónicas, es curioso que tanto Correa como los presidentes reunidos en la UNASUR, principalmente Kirchner, Evo y Chávez, hayan dicho que, palabras más palabras menos, “repudiaban la intentona de golpe contra el gobierno constitucional de Correa”. ¿Por qué dicen gobierno constitucional y no democrático? ¿No es contradictorio que gobiernos que se valen constantemente de meta-poderes del presidente –como lo hacía antes el PRI y lo sigue haciendo en las Entidades– y que confrontan todo el tiempo contra los otros poderes del Estado y la libre expresión para dibujar un estado de la situación que no se asemeja para nada a la realidad, se quejen de la irrupción al orden constitucional? ¿Cancelar el parlamento, lo que quería hacer Correa, no fue lo que hizo Hitler, que también había sido elegido por el voto popular?
De todas formas, que al presidente de Ecuador lo saquen con votos no con otra cosa, al igual que a Chávez, Kirchner y Evo en Bolivia. Libertad de expresión.
Nota al pié: Argentina, al igual que Ecuador, vive en un país de “gobierno nacional y popular”, como les gusta definirse a los Kirchner y peronistas afines. En Argentina, el peronismo fue creado por un admirador de Hitler y Mussolini: Perón. Perón, Evita y los peronistas son los que llevaron a la Argentina a los constantes golpes de Estado, claro y los militares y el resto, ya que ellos llegaron al poder por medio de golpe militar, en 1943. Años después, en 1989 y el 2001, ya en la democracia pero con gobiernos que no eran peronistas, la “híper-inflación”, el “corralito”, los “piqueteros”, los saqueos a supermercados de chinos y los aprietes sindicales hicieron que dos presidentes no sólo constitucionales, sino que democráticos tuvieran que demitir sus mandatos antes de tiempo. En 1989 se adelantaron las elecciones; en el 2002 llegó Duhalde, que era el que había perdido en 1999 contra De la Rúa, y después vino Kirchner, que técnicamente no ganó la elección y cuya esposa, actual presidente, ganó las elecciones del 2007 en una elección acusada de fraudulenta. En Argentina hay que ser menso para no saber que los peronistas siempre estuvieron por detrás de los distintos golpes. Ahora, con Ecuador y Cristina Kirchner, Evo y Chávez haciendo gala de su dignidad patriota y sudamericana, ¿qué cuento nuevo quieren contar, si la historia ahí está para ser leída y pensada?
viernes, 1 de octubre de 2010
De Ecuador y la actualidad de las Américas
“En Ecuador se produjo un intento de golpe de Estado fallido”, fue la declaración de los cancilleres de la UNASUR (Unión de Naciones Sudamericanas) sobre los sucesos que el jueves último mantuvieron a Ecuador y el continente en vilo. Como se supo por la noticias, grupos díscolos y minúsculos de policías y militares detuvieron por horas al presidente Correa, quien, en un operativo de fuerzas de elite, fue rescatado por la noche. La noticia inquietó al continente entero, fue un digno show de televisión en vivo, y los hechos fueron repudiados por todos los países. Se habló de desestabilización, repudio a la intentona de golpe contra un gobierno constitucional, unión sudamericana, etcétera; sin embargo, en el trasfondo, hay varios elementos de los que no se han hablado tanto y serían importantes tomar en cuenta a la hora de analizar y hacer hipótesis tentativas de lo que pasó el jueves en Ecuador y la región.
Poniendo lo sucedido en Ecuador en perspectiva, las teorías realistas y neorrealistas de las relaciones internacionales –que tienen que Kenneth Watlz como principal teórico– sostienen que el sistema internacional, a contraposición de lo que sucede hacia el interior de los Estado-Nación, se desenvuelve en un contexto anárquico. Anarquía entendida como falta de instituciones y jerarquías que rijan la vida del concierto internacional con cierta estabilidad, no en alusión al caos. Sin embargo, según teóricos del realismo periférico como Carlos Escudé, para el caso latinoamericano esa teoría no necesariamente se ajusta a la realidad, como sí podría ser para los casos de África, Asia y la misma Europa. Es decir, en América Latina hay jerarquías claras y Estados Unidos es el hegemón que rige desde Alaska hasta Tierra del Fuego.
Con esto en mente, y mirando el mapa sudamericano de los últimos diez años, la cantidad y calidad de socios que los Estados Unidos tienen en la región se ha visto disminuida. Durante estos años del siglo XXI nacieron la UNASUR y el ALBA, dos organizaciones regionales que han buscado quitar poder y deslegitimar a la OEA (Organización de Estados Americanos), que es la organización continental creada, después de las Segunda Guerra Mundial, con el liderazgo de Estados Unidos. Así, primero con el ALBA (Alternativa Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América), que es la alianza regional de países “bolivarianos” –Venezuela, Bolivia, Ecuador, Cuba y Nicaragua–, y después con la UNASUR, que viene siendo la OEA pero sin Estados Unidos, los países del sur de América han intentado contrarrestar la hegemonía del poderoso del norte como no se había visto en mucho tiempo o, quizás, nunca jamás.
En tal sentido, académicos como Noam Chomsky ha puesto en circulación la tesis de que la hegemonía de los Estados Unidos ha estado decayendo pronunciadamente. Es verdad, pero la hegemonía de Estados Unidos no ha decaído tanto como algunos quisieran, o por lo menos no ha sido equiparada o rebasada. Mientras el PIB –Producto Interno Bruto– de China, que ya pasó a Japón y es el segundo Estado-Nación más rico del mundo, ronda los 6 trillones de dólares, el de Estados Unidos colma los 13. Por otro lado, la retirada estadounidense de Iraq y Afganistán significa un reagrupamiento de sus tropas, es decir, capacidad militar disponible para estabilizar zonas problemáticas como América Latina, que tiene países que para la CIA, todavía con la visión de la Guerra Fría, son claramente países comunistas.
Pero de ahí a plantear que Estados Unidos estuvo detrás de lo que sucedió en Ecuador suena muy grotesco. La hegemonía de Estados Unidos en Ecuador está asegurada desde que su moneda es el Dólar, más allá de que gobierne un presidente populista o no. Por esto, se nota un tanto actuado que casi inmediatamente de ser detenido Correa en Quito, los demás presidentes de la región acordaran reunirse en Buenos Aires para, juntos, repudiar lo ocurrido y apoyar al ecuatoriano en el marco de la UNASUR. Cabe decir que ambas organizaciones, UNASUR y ALBA, nacieron y se desarrollan con mucho del impulso y petrodólares de la República Bolivariana de Venezuela, a cuyo presidente le gusta el protagonismo y el show.
De todas formas, en la UNASUR no hay un hegemón que apadrine a la organización ni una inserción de ésta en la vida de los miembros que permita equipararla con la OEA. Tampoco existe una cohesión perfecta entre los miembros, como se quiere mostrar. Por ejemplo, a la plenaria especial de Buenos Aires Lula faltó por cuestiones electorales y el presidente de Chile aprovechó la ocasión para, en realidad, encontrarse con Cristina Kirchner para reclamarle por la extradición de un chileno terrorista en épocas de democracia que está refugiado en Argentina. Es decir, la UNASUR no parece tan fuerte como quisieran en el ALBA. Así, una hipótesis tentativa en relación a lo ocurrido el jueves en Ecuador es que el supuesto intento de golpe en Estado bien pudo ser una excusa fabricada o exaltada para intentar alinear a los países de la región con el discurso bolivariano, para ejercitar la identidad antiimperialista y mostrar unidad o poder regional frente a los Estados Unidos.
Con todo, como sucede con este tipo de situaciones, que están sujetas a diferentes interpretaciones, teorías y opiniones, casi siempre las noticias de coyuntura sobrepasan al análisis y se convalidan posiciones binarias que simplifican el estado de la situación en la región. Por un lado, salen a la luz las declaraciones de aquellos que aseguran que Estados Unidos –el “imperio” en el diccionario bolivariano de Chávez– está detrás de la “intentona” de golpe de Estado contra el gobierno constitucional de Correa; por el otro lado, resuenan aquellos que hablan de Correa como autoritario y golpista real de la democracia. Por esto mismo, para intentar no caer en binarismos, valdría la pena mirar del Hemisferio Occidental, es decir, las Américas, y prestar atención a cómo se vienen moviendo las piezas en el mapa. Quizá así se puede apreciar un poco mejor la coyuntura regional y lo ocurrido en Ecuador.
Poniendo lo sucedido en Ecuador en perspectiva, las teorías realistas y neorrealistas de las relaciones internacionales –que tienen que Kenneth Watlz como principal teórico– sostienen que el sistema internacional, a contraposición de lo que sucede hacia el interior de los Estado-Nación, se desenvuelve en un contexto anárquico. Anarquía entendida como falta de instituciones y jerarquías que rijan la vida del concierto internacional con cierta estabilidad, no en alusión al caos. Sin embargo, según teóricos del realismo periférico como Carlos Escudé, para el caso latinoamericano esa teoría no necesariamente se ajusta a la realidad, como sí podría ser para los casos de África, Asia y la misma Europa. Es decir, en América Latina hay jerarquías claras y Estados Unidos es el hegemón que rige desde Alaska hasta Tierra del Fuego.
Con esto en mente, y mirando el mapa sudamericano de los últimos diez años, la cantidad y calidad de socios que los Estados Unidos tienen en la región se ha visto disminuida. Durante estos años del siglo XXI nacieron la UNASUR y el ALBA, dos organizaciones regionales que han buscado quitar poder y deslegitimar a la OEA (Organización de Estados Americanos), que es la organización continental creada, después de las Segunda Guerra Mundial, con el liderazgo de Estados Unidos. Así, primero con el ALBA (Alternativa Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América), que es la alianza regional de países “bolivarianos” –Venezuela, Bolivia, Ecuador, Cuba y Nicaragua–, y después con la UNASUR, que viene siendo la OEA pero sin Estados Unidos, los países del sur de América han intentado contrarrestar la hegemonía del poderoso del norte como no se había visto en mucho tiempo o, quizás, nunca jamás.
En tal sentido, académicos como Noam Chomsky ha puesto en circulación la tesis de que la hegemonía de los Estados Unidos ha estado decayendo pronunciadamente. Es verdad, pero la hegemonía de Estados Unidos no ha decaído tanto como algunos quisieran, o por lo menos no ha sido equiparada o rebasada. Mientras el PIB –Producto Interno Bruto– de China, que ya pasó a Japón y es el segundo Estado-Nación más rico del mundo, ronda los 6 trillones de dólares, el de Estados Unidos colma los 13. Por otro lado, la retirada estadounidense de Iraq y Afganistán significa un reagrupamiento de sus tropas, es decir, capacidad militar disponible para estabilizar zonas problemáticas como América Latina, que tiene países que para la CIA, todavía con la visión de la Guerra Fría, son claramente países comunistas.
Pero de ahí a plantear que Estados Unidos estuvo detrás de lo que sucedió en Ecuador suena muy grotesco. La hegemonía de Estados Unidos en Ecuador está asegurada desde que su moneda es el Dólar, más allá de que gobierne un presidente populista o no. Por esto, se nota un tanto actuado que casi inmediatamente de ser detenido Correa en Quito, los demás presidentes de la región acordaran reunirse en Buenos Aires para, juntos, repudiar lo ocurrido y apoyar al ecuatoriano en el marco de la UNASUR. Cabe decir que ambas organizaciones, UNASUR y ALBA, nacieron y se desarrollan con mucho del impulso y petrodólares de la República Bolivariana de Venezuela, a cuyo presidente le gusta el protagonismo y el show.
De todas formas, en la UNASUR no hay un hegemón que apadrine a la organización ni una inserción de ésta en la vida de los miembros que permita equipararla con la OEA. Tampoco existe una cohesión perfecta entre los miembros, como se quiere mostrar. Por ejemplo, a la plenaria especial de Buenos Aires Lula faltó por cuestiones electorales y el presidente de Chile aprovechó la ocasión para, en realidad, encontrarse con Cristina Kirchner para reclamarle por la extradición de un chileno terrorista en épocas de democracia que está refugiado en Argentina. Es decir, la UNASUR no parece tan fuerte como quisieran en el ALBA. Así, una hipótesis tentativa en relación a lo ocurrido el jueves en Ecuador es que el supuesto intento de golpe en Estado bien pudo ser una excusa fabricada o exaltada para intentar alinear a los países de la región con el discurso bolivariano, para ejercitar la identidad antiimperialista y mostrar unidad o poder regional frente a los Estados Unidos.
Con todo, como sucede con este tipo de situaciones, que están sujetas a diferentes interpretaciones, teorías y opiniones, casi siempre las noticias de coyuntura sobrepasan al análisis y se convalidan posiciones binarias que simplifican el estado de la situación en la región. Por un lado, salen a la luz las declaraciones de aquellos que aseguran que Estados Unidos –el “imperio” en el diccionario bolivariano de Chávez– está detrás de la “intentona” de golpe de Estado contra el gobierno constitucional de Correa; por el otro lado, resuenan aquellos que hablan de Correa como autoritario y golpista real de la democracia. Por esto mismo, para intentar no caer en binarismos, valdría la pena mirar del Hemisferio Occidental, es decir, las Américas, y prestar atención a cómo se vienen moviendo las piezas en el mapa. Quizá así se puede apreciar un poco mejor la coyuntura regional y lo ocurrido en Ecuador.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)




