Los otros días me reuní con el profesor e investigador de la Universidad de las Américas Víctor Reynoso, entre otras cosas, para saludarnos y platicar sobre de todo un poco, así como de las elecciones locales que acaban de pasar en México. Por lo general, encontrarse con alguien que uno considera, como dirían los brasileros, gente muito querida, nos regala una buena conversación y un rico momento. En esta ocasión, Víctor me contó que, para su clase de inglés, estaba leyendo The Catcher in the Rye de J.D. Salinger. "¿Sabías que ése es un libro muy significativo, que cambió la vida de muchas personas?", le dije. "No, pero mi profesor también mencionó eso", me dijo él. Pues bien, resulta que una de esas personas, de alguna manera, tocadas por este libro fue David Mark Chapman, el hombre que asesinó a John Lennon.
Así como Héctor Aguilar Camín concluyó sobre el asesinato de Donaldo Colosio que, al igual que en el homicidio de John Fitzgeral Kennedy, el autor se trató de un “asesino solitario” (lone-nuts en inglés), las versiones oficiales sobre el asesinato de John Lennon también encuentran la misma conclusión. Es raro, pero para los tres casos mencionados (así como para los de Robert Kenndy, Martin Luther King y Malcom X) existen las mal llamadas “teorías conspirativas”, o bien hipótesis que no coinciden con las conclusiones oficiales. Un ejemplo es la que presentan Phil Strongman y Alan Parker en John Lennon and the FBI Files (2003), una investigación sobre el asesinato de John Lennon y las implicancias políticas del caso. (De este libro salió, en el 2009, el documental con el mismo título).
Más allá de si estas teorías son valederas o no, y como paréntesis, cabe recordar la película de Oliver Stone que fue basada en el libro JFK de Jim Garrison, el fiscal que investigó el asesinato de Kennedy y el protagonista que Kevin Costner personificó en la película de 1991. La conclusión de Jim Garrison fue de que no se trató de un “asesino solitario”, sino que el asesinato de JFK fue todo un operativo organizado, realizado y encubierto por gente del propio gobierno de los Estados Unidos, más precisamente del FBI.
Para el caso de John Lennon, y como me decía el maestro Reynoso, quizá la teoría conspirativa no sea sostenible como en el de Kennedy, más que nada porque John Lennon no era presidente, y no era alguien que pudiese atentar contra un interés importante del gobierno o la seguridad nacional. Pero John Lennon, además de ser un músico popular, era un líder social importante. Por eso, y los más de 300 folios del FBI que lo abalan, las implicancias políticas del asesinato de John Lennon, quizá sean válidas.
Un dato muy convincente para pensar que las teorías no oficiales de ambos casos pudiesen ser ciertas, es que los dos asesinos, Oswald y Champman, eran jóvenes de ciudades remotas del sur profundo de los Estados Unidos, sin estudios, empleo formal, cuenta de banco y demás cosas que pudiesen validar que, así como así, estos dos jóvenes hubiesen podido pagarse viajes y estadías en peculiares lugares del mundo. Resulta que Champman y Oswald, en un periodo muy corto de tiempo, viajaron a ciudades remotas del Sureste Asiático y el Medio Oriente, todos lugares donde Estados Unidos tenía bases navales y de entrenamiento de agentes especiales.
La pregunta es inevitable, ¿por qué irían estos dos jóvenes a lugares como esos? La respuesta también lo es: quizá David Marck Chapman y Lee Oswald fueron agentes especiales del FBI para misiones encubiertas.
Así, la conversación con el maestro Reynoso siguió y derivó en otros tantos temas que, finalmente, también hacen a esta materia de estudio, la política.




