lunes, 27 de mayo de 2013

Reforma política y reelección en México.


Es cuando menos interesante el que en México se esté debatiendo y reflexionando sobre reformas al sistema político. Reformas en y al sistema, no de éste como sucede en los países que integran el ALBA bolivariano. El Pacto por México, el acuerdo tipo La Monclova de puntos básicos a tratar en la agenda pública, que los tres partidos más importantes del país firmaron con el poder ejecutivo federal, contiene lo que se denomina “la reforma política”. Los partidos en el Congreso de la Unión también tienen el tema, aunque con variantes. Inclusive, varias de las asignaturas enmarcadas en la llamada reforma política están en la agenda nacional desde el sexenio pasado. Entonces, sin priorizar qué paquete de reformas tiene que ser pensada y discutida primero, la reflexión sobre las enmiendas que se proponen a la política es necesaria para un ítem fundamental para el estado de la democracia en México.  

Vale decir que todas las reformas que se proponen en temas electorales, administrativos, financieros o hacendarios, de medios de comunicación, educación, penales, etcétera, son políticas en tanto impactan en la vida y gestión del poder, es decir, en la política misma. No obstante, la llamada reforma política bien puede ser titulada así porque agrupa reformas en leyes y normas que regulan los procesos electorales, el comportamiento de los partidos, entes administrativos y de gestión del Estado, entre otros temas que comúnmente son etiquetados como asuntos de la política con mayúscula. Así, más allá de la reforma política en su versión Senado de la República o Pacto por México –ya dividido en tres ejes: reforma secundaria en materia electoral, ley de partidos políticos y régimen político–, un tema básico es la reelección de legisladores y alcaldes.

Plantear la reelección es un asunto con muchas aristas. Una de estas es que los partidos políticos se ven afectados porque pierden poder ante legisladores o alcaldes, quienes se vuelven más independientes del aparato del partido. Esto puede contraer cambios en los modelos de partidos, entre otras cosas. Por ejemplo, al salir de campaña repetidas veces para el mismo puesto y en el mismo distrito, así como al tener mayor cercanía y capacidad de gestión que el partido ante determinadas comunidades de un distrito dado, los cuadros políticos ganan peso sobre los partidos. Es decir, entre otras cosas, los políticos que ostentan cargos de representación, independientemente de la división de puestos jerárquicos que cada partido acuerde o designe para ellos, toman preponderancia frente a sus respectivos partidos, su burocracia y dinero. Esto choca con un fundamento de la actual democracia mexicana, que se podría esquematizar en que los partidos políticos sistémicos, medianamente institucionalizados y fuertes sostienen a los sistemas de partidos y electoral, en los que a su vez descansa la democracia todavía en transición.

Así, aunque la reelección debilita a los partidos frente a los políticos que son representantes de la ciudadanía –“parlamentarios”, en términos del clásico Maurice Duverger–, esta juega un papel central para cualquier democracia minimalista: potencia el valor y peso del voto. Es decir, en teoría, la reelección empodera al ciudadano y efectiviza el principal instrumento de participación –el sufragio–, lo cual no es menor en una democracia liberal, de corte minimalista. Las democracias liberales, minimalistas, elitistas, schumpeterianas o pluralistas asignan un valor fundamental a las elecciones libres y competidas. Justamente, se llaman minimalistas porque el mecanismo más importante para legitimar y legalizar un gobierno democrático es mínimo, ya que se da en las urnas y en el origen del gobierno, no tanto en la gestión. En tal sentido, instrumentos para efectivizar el voto son torales para la calidad de este tipo de democracia.

Con todo y que en los últimos años han habido intentos y acciones en pro al gobierno abierto, es decir, a una democracia un tanto más maximalista, con distintos instrumentos de gobernanza y rendición de cuentas que pugnen por hacer que la democracia de las urnas sea trasladada a la gestión, el núcleo del sistema democrático liberal que rige en países de occidente sigue siendo minimalista. Entonces, hablar de reelección no es un tema menor. Al existir la posibilidad de la reelección, muchos de los políticos que ostentan puestos de elección popular se verán ante la opción de reelegirse en su cargo, lo que en teoría significa confrontarse ante el escrutinio público para evaluar su trabajo. Esto pudiera abonar a la rendición de cuentas vertical, la primordial en el sistema democrático que México tiene.

Sin dudas que el tema de la reelección conlleva muchas aristas y dicotomías. Incluso, también debería contemplarse la reelección del presidente de la república, la periodicidad de las reelecciones y los tiempos de gestión. Pero, por el momento, eso sería demasiado pedir. El asunto está muy arraigado en la cultura política mexicana y se acuña con el lema de la revolución “sufragio efectivo, no reelección”, mismo que el priismo amoldó para que el principio deviniera en generaciones de políticos chapulines. Dejando de lado lo anterior, la reelección de alcaldes, diputados locales y federales, así como de senadores es importante y está en puerta, por lo que se necesitarán distintas opiniones para matizar un tema que no es sencillo y ni siquiera es avalado por muchos académicos, políticos y ciudadanos.             

sábado, 18 de mayo de 2013

Reforma política reloaded


La llamada reforma política a nivel federal contraataca en México, ahora recargada o reloaded. Tiempo atrás, en el sexenio de Felipe Calderón Hinojosa, las reformas en materia político electoral fueron fallidamente puestas en la mesa de negociación. Ahora, en el sexenio de Peña Nieto, las reformas políticas vuelven a la luz, con cierto consenso político y con el halo del Pacto por México. Habrá que ver qué pasa.

Aunque en el pasado el PRI y el PRD se opusieron a las reformas políticas que promovía el PAN y el entonces presidente Calderón, actualmente las cosas no son iguales. Tanto el PAN como el PRD en el Senado de la República acordaron presentar en esa cámara legislativa una reforma política, misma que es coincidente en varios puntos con la presentada en el sexenio pasado y adiciona otros puntos más. En resumen, la iniciativa de reforma política consta de treinta temas importantes para la consolidación de la transición hacia la democracia en México.

La propuesta en comento contiene reformas para crear los gobiernos de coalición con un jefe de gabinete, reconocer en los gobiernos comunitarios un cuarto nivel de gobierno a nivel constitucional, así como darle autonomía al CONEVAL e independencia a la PGR. Además, contempla el ballotage o segunda vuelta electoral, la reelección legislativa, la eliminación del fuero, incluido el presidencial, y la reforma política en el Distrito Federal.

También, propone la fiscalización anticipada y durante las campañas de todos los recursos de partidos y candidatos, la pérdida de la candidatura y registro para el partido que rebase los topes de gasto durante las campañas, la nulidad de la elección, la destitución del cargo e inhabilitación del candidato –cuando el sobrepaso de los recursos gastados se acredite concluidos los comicios. De igual forma, plantea sanciones penales por la transmisión de propaganda o publicidad encubierta, la revocación de la concesión de radio y televisión cuando el medio intervenga ilegalmente en las campañas electorales. Además, obliga a los encuestadores a publicar y revelar la metodología, las fuentes de financiamiento y potenciales conflictos de interés con partidos, candidatos, gobiernos e intereses económicos o mediáticos, entre otros puntos.

Entre demás cuestiones de la propuesta de reforma política que se está elaborando en el Senado, valdría la pena resaltar que la reelección tendría que ser tanto para los cargos legislativos como para los cargos ejecutivos. En ese sentido, si la reelección es un mecanismo para tratar de reforzar la rendición de cuentas y la profesionalización de los cuadros políticos y administrativos gubernamentales, no queda claro por qué la reforma no contempla la reelección de los alcaldes y del propio presidente.

En otros países que cuentan con este mecanismo, como los Estados Unidos, Brasil, Chile y Argentina, por solo nombrar algunos del continente, si bien la reelección per se no asegura la rendición de cuentas, sí afirma que los órdenes de gobierno más próximos a la ciudadanía, es decir, el gobierno local o municipal y el poder legislativo, tengan que rendir cuentas periódicamente mediante el principal mecanismo de la democracia minimalista: las elecciones. Es decir, apuntala la efectividad del voto. Para esto, los períodos de mandato se tendrían que acortar a, por lo menos, cuatro años y los partidos políticos perderían un poco de fuerza frente al legislador o alcalde, según el caso. Pero este es un largo tema de discusión que no cabe en este artículo de opinión.

Con todo, es importante resaltar que tanto los partidos en el Congreso de la Unión como en el Pacto por México están tratando el reformar las normas que regulan a la política, la administración pública y a las elecciones en México, lo cual es un avance importante para la democracia mexicana. Habrá que ver qué pasa.