¿Ayuda, para el entendimiento político del nuevo reglamento del Congreso de la Unión, hablar de un “reglamento mordaza”?
El nuevo reglamento interior de la Cámara de Diputados ha dado para hablar en los días pasados, ya que se emparentó el hecho de que no se permita tomar por la fuerza la tribuna legislativa con el despido de la periodista Aristegui de la estación MVS. Se argumentó que, en ambos casos, hay una irrupción de la libertad de expresión. Como de costumbre, voces de todo tipo se manifiestan en asuntos públicos, lo cual es importante en términos de cultura política porque es un hecho que habla de pluralidad. Pero, ¿sobre qué se está debatiendo del nuevo reglamento de la Cámara Baja del Congreso de la Unión?
El nuevo reglamento interior del Congreso, entre muchas otras cosas que reguló, contiene un apartado para tratar al cabildeo o lobbying. Aunque esta nueva disposición no despertó muchos comentarios, debate o críticas de especialistas, sí estableció un registro para cabilderos, bajo la responsabilidad de la Mesa Directiva del Congreso, por primera vez en la historia del país. Inédito o no, pero un avance decisivo para el funcionamiento y transparencia del Poder Legislativo, no tuvo resonancia en la opinión pública: ni de Ciro Gómez Leyvas o Carmen Aristeguis.
Y esto es curioso, más cuando quienes hablan sobre temas políticos en los medios de comunicación son gente que ha estudiado ciencia política, relaciones internacionales, sociología y demás ramas de las ciencias sociales que no desconocen la importancia del cabildeo y de la existencia de un registro de cabilderos. Mientras se hace énfasis en que, con el nuevo código –tendenciosamente bautizado “reglamento mordaza”–, se coarta la libertad de expresión porque éste prohíbe la toma de la tribuna legislativa, se dejan de lado aspectos de la misma reglamentación que, al contrario de lo que se dice, sí amplía y mejora la democracia.
También, es curioso que los diputados que se quejan de este “reglamento mordaza” son los mismo que votaron en contra, en lo general y particular, de un reglamento que contiene el primer paso para legislar sobre el cabildeo. Tanto políticos como medios de comunicación están insistiendo que el nuevo reglamento del congreso es anti-democrático. Así, lugar de hablar seriamente sobre el acontecer político y legislativo del país, de temas sustanciosos, se está discutiendo públicamente sobre un cartelito mediático.
Con todo, el hecho de contar con un reglamento interior propio para la cámara de diputados, entre otras cosas, por lo menos es una noticia relevante sobre el sistema político mexicano. Además, los artículos que van del 263 al 268, los que tocan al cabildeo, son un paso adelante para la ingeniería institucional y democrática del Congreso, con todo y las falencias que hay en la ley. En este sentido, la opinión de los académicos en los medios de comunicación hubiese sido importante para alentar el debate en un tema tan importante. Pero los reflectores no voltearon para iluminar este tema –tan poco tratado en México–, sino que para alumbrar sobre las nuevas disposiciones para el orden de las sesiones donde se prohíbe la toma de la tribuna. Es decir, ¿qué se lee y escribe de política, trivialidades?
