A raíz de las notas periodísticas que
en semanas pasadas dieron a notar las prácticas de los cabilderos de la firma PriceWaterhouseCooper (PWC) en el
Congreso de la Unión, el cabildeo volvió a ser noticia en México. Pero, ¿qué aspectos
se resaltan de esta actividad tan controvertida en las noticias referidas?
El pasado 14 de octubre, el periódico nacional El Universal
publicó que la firma PWC ofrece sus servicios de cabildeo para “tirar” o “modificar”
artículos contenidos en la entonces propuesta de reforma fiscal del Poder Ejecutivo
(http://www.eluniversal.com.mx/nacion-mexico/2013/1-mdd-por-cambiar-un-articulo-de-la-reforma-958005.html).
Este periódico aseguró que, como se detalla en un documento confidencial que
posee de esta firma, por cada artículo de la ley que logre modificar, PWC,
presuntamente, cobra un millón de dólares más IVA. Asimismo, detalló que supuestamente
cobra 70 mil dólares por cada entrevista que realice con cualquier legislador,
y 5 mil dólares más IVA por cada hora invertida en el análisis de algún asunto.
A todo esto, la firma replicó que existen errores de interpretación en el
documento confidencial al que hace referencia El Universal, ya que
dichos honorarios son en moneda nacional y no en dólares, como se afirma en las
noticias, entre otras cosas.
Con
estas noticias, el cabildeo en México se hizo notorio otra vez en la opinión
pública. Pero tomó relevancia por el tráfico de influencias y la corrupción que
puede suscitar, no por la información técnica y la pluralidad de voces que
puede presentar a los legisladores ante un asunto determinado, como puede ser
una reforma fiscal. Esto es una constante: parecería que el cabildeo o el lobbying es sinónimo de corrupción, lo
cual induce una acepción negativa y parcial del mismo. En ese sentido, normalmente
se hace especial énfasis en ese aspecto sombrío de la materia, pero se pasan
por alto los aspectos positivos de la misma.
Los
cabilderos de PWC están registrados como tales en el Congreso de la Unión y
suscriben el código de ética de la Asociación Nacional de Profesionales del
Cabildeo (PROCAB). A pesar de todo esto, llamó mucho la atención pública el
monto que los cabilderos cobran por su labor. Igualmente, porque la corrupción
es, otra vez, una constante en la política, en los políticos y los cabilderos
que se benefician de la disposición de los bienes públicos de manera
discrecional.
Además
de que las noticias del cabildeo de PWC mostraron el lado negativo y más famoso
del lobbying, vale resaltar que éstas
también hicieron referencia a un crecimiento y desarrollo de este fenómeno en
México, lo cual es una forma de mirar positivamente el tema. El Poder
Legislativo federal, tanto su cámara baja como la alta, cuentan con un apartado
en sus reglamentos interiores que norman al cabildeo y la actividad de los
actores que lo llevan a cabo. Pocos países cuentan con este tipo de
normatividad; en América Latina, México es de las pocas democracias en
transición de la región que cuenta con este tipo de reglamento, lo cual no es
poca cosa. Pero parecería que esto no es noticia, mientras que la corrupción
sí.
Poniendo
en perspectiva el asunto, las noticias referidas de El Universal colocaron el acento en aspectos negativos del
cabildeo, pero sirvieron para poner el reflector sobre el tema y apresurar
reformas en la normatividad que regula a la actividad. Aunque todavía quedaron
pendientes para hacer más transparente el trabajo de los cabilderos, las
reformas realizadas al Reglamento interior de la Cámara de Diputados del
Congreso de la Unión, en el capítulo del Cabildeo, son avances importantes en
esta materia, ya que expresamente tipifica y prohíbe los sobornos.
Así,
pudiera hacerse la lectura de que los avances en la regulación del cabildeo o lobbying en México, son parte de los
resultados tangibles que arroja la consolidación de la transición hacia la
democracia. Es decir, vale la pena matizar al lobbying y percibir tanto los
aspectos positivos como los negativos para la democracia, tomando ambas
acepciones y no solamente una de estas como normalmente ocurre.
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