Un tema
todavía poco explorado viene a colación dado que, este lunes y martes, el
Congreso mexicano recibió a representantes del Congreso argentino. El tópico es
la denominada “diplomacia parlamentaria”. Pero más allá del tema en sí, un dato
le da más color al encuentro interparlamentario mexicano-argentino: el
Vicepresidente de la Argentina, Amado Boudou, que constitucionalmente es el
presidente del Senado, está doblemente procesado judicialmente por graves
delitos de corrupción.
Para
introducir muy brevemente el concepto de diplomacia parlamentaria y llegar al
caso, esta consta de prácticas que aunque no están del todo legisladas, sí
tienen sustento legal y se desarrollan entre diferentes representaciones
parlamentarias para fines de enlace y acercamiento entre países y gobiernos,
cooperación e intercambio de prácticas legislativas y opiniones en diversos temas
de agenda, así como para reforzar las relaciones internacionales entre dos o
más países. La diplomacia parlamentaria, básicamente, se divide en las
actividades de los Grupos de Amistad, las Reuniones Interparlamentarias y los Organismos
Parlamentarios Internacionales (Juan Ramírez Marín: 2006). Aunque sale a la luz
pública más regularmente cuando se reúnen parlamentarios de México y Estados
Unidos, o con los de Canadá, este tipo de reuniones protocolarias se mantienen
con otros países también.
En mayo pasado,
el Vicepresidente de Argentina, Amado Boudou había recibido en el Salón Gris de
la Cámara alta de ese país a un grupo de legisladores mexicanos para avanzar en
la preparación de la primera Comisión interparlamentaria argentino-mexicana.
Así, la visita del grupo de parlamentarios argentinos a México sirvió para
constituir esta comisión de trabajo. Así las cosas, un comentario cabría hacer
sobre la constitución de las legaciones parlamentarias que salen de su país con
carácter protocolario.
Muchas
veces se cree que los viajes de diplomacia parlamentaria son una especie de
vacaciones pagas para legisladores que salen de tour por algún país
extranjero, o que son una especie de pago por algún favor. Pero para retraer
este asunto político de lo protocolario de los grupos que llevan tal
representación, la representatividad del parlamento se arregla en la
conformación proporcional de estos grupos interparlamentarios internacionales.
Por lo general, estas delegaciones se conforman tanto por legisladores de los
partidos de oposición y como por el oficialista. Pero para el reciente viaje a
México, la legación argentina no se ajustó a tal premisa.
Como
informa el periódico argentino Ámbito Financiero, el titular de la
Cámara alta partió de Buenos Aires este sábado acompañado por una comitiva
integrada sólo por legisladores oficialistas, entre ellos los diputados
Guillermo Carmona, Susana Canela y Gloria Bidegain, y los senadores Rodolfo
Urtubey, Pablo González, Liliana Fellner, José María Roldán (Frente de Todos) y
Lucila Crexell (Movimiento Popular Neuquino). Si bien estaban invitados los
diputados de la oposición Hugo Maldonado (UCR), Guillermo Durand Cornejo (Unión
PRO), Ricardo Cuccovillo (Frente Amplio Progresista) y Nelly Lagorio (Frente
Renovador), finalmente decidieron bajarse en una nueva señal de repudio por el
doble procesamiento del Vicepresidente en el caso Ciccone –Boudou está acusado
de apropiarse, a través de testaferros, de la empresa que imprime los billetes
en la Argentina– y en la causa por irregularidades en la compra de un auto
particular.
Este
hecho habla mucho del estado de la democracia en Argentina. Por un lado, la
conformación de la delegación de parlamentarios argentinos para el viaje a
México es un gesto del carácter del gobierno y del bloque oficialista en el
Congreso argentino, así como de la relación que existe entre los grupos
parlamentarios de aquel país. Por otro lado, el hecho que desataca es que, los
legisladores de oposición que estaban citados al viaje, declinaron la invitación
por repudio a la figura del Vicepresidente y Presidente del Senado, Amado
Boudou, que sigue en funciones y está procesado en dos causas judiciales.
Este
hecho es de destacar, dado que si para algo sirven las comisiones
interparlamentarias de este tipo es para hacer relaciones diplomáticas. En tal
sentido, la figura de Amado Boudou no ayuda mucho a la diplomacia parlamentaria
argentina, ya que su honorabilidad y continuidad constitucional está en vilo,
esperando el resultado de los jueces. Tampoco apoya a la relación institucional
mexicana-argentina. Con lo anterior, ¿qué imagen le da este condimento judicial
al encuentro interparlamentario entre México y Argentina? No muy
halagüeña.
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