En un contexto preelectoral ríspido y enrarecido por la posibilidad de la alianza PAN-PRD más candidatos independientes, quizá sin pensarlo, distintos políticos y comentaristas de los medios de comunicación han antepuesto un limitativo a la hora de discurrir sobre la posible alianza entre dos de los partidos políticos más importantes de la oposición poblana. “No se puede mezclar el agua con el aceite”, invoca el dicho de moda en los comentarios políticos de Puebla; pero, ¿qué están diciendo algunos periodistas y políticos con este refrán?
Ya sea porque la posible alianza ha sido criticada por actores políticos, medios de comunicación, especialistas, periodistas y demás, o porque las concepciones de “izquierda” y “derecha” son restricciones con peso real para muchos, las circunstancias muestran que la afamada potencial alianza entre el PAN y el PRD –más candidatos independientes y otros partidos chicos– es un tema que, como dice un dicho, “tiene tela de donde cortar”. Precisamente, se ha estado leyendo y escuchando en distintos comentarios que, como dice el dicho, “el aceite no se mezcla con el agua”. Ya que sobre proverbios populares se basa buena parte de la entelequia de la política local, vale demostrar que la imposibilidad de mezclar el agua con el aceite, en términos políticos, es una idea reduccionista que lleva a enmarcar la ciencia política a un refrán, lo cual puede ser riesgoso o anodino.
Aunque a veces los dichos saben ser muy sabios, el que hace referencia a la imposibilidad de mezclar el agua con el aceite aplicado a la política, en clara referencia a las contrariedades de coaligar al PAN con el PRD y candidatos independientes, es un dicho que descontextualiza el asunto. De alguna manera, el dicho lleva a la política poblana a los parámetros de la categoría “amigo-enemigo” del teórico Carl Schmitt, quien fuera influencia académica e ideológica, nada más ni nada menos, de Adolf Hitler y su partido Nazi. Según aquellos que repiten dicho refrán, la posible alianza local entre el PAN y el PRD, el agua y el aceite, es un oxímoron o un gesto propio del cínico pragmatismo político, el cual busca entrelazar extremos políticos irreconciliables. Es decir, aparte de que la ciencia política es una ciencia social y no una ciencia dura, y por lo tanto un partido político no es un elemento químico, este dicho distingue al PAN y al PRD no como adversarios, sino como enemigos.
Para aquellos que repiten el dicho de “no mezclar el agua con el aceite”, en cierta forma, la política se piensa en términos de “amigo-enemigo”. Dada la contextualización del dicho, para estos la política es la contraposición de “nosotros los amigos” versus “ellos los enemigos”, o el resultado de dos grupos que son distintos y que para nada se pueden mezclar. En este sentido, el dicho al que se hace referencia aquí no permite la posibilidad de, entre otras cosas, pensar la política en términos democráticos, realistas y liberales, ya que discute a la política y las distintas tendencias como compartimentos estancos e incompatibles. Quizá sin saberlo, al repetir el dicho, se entiende a la política como la distinción “amigo-enemigo”, lo cual la convierte en un fenómeno de suma cero, totalitario, excluyente y no plural.
Así, aquellos que hablan de no poder mezclar el agua con el aceite, en términos teóricos, quizá no notan que en sistemas políticos minimalistas, como lo es la democracia liberal, las alianzas coyunturales o electorales son propias, factibles y están a lugar. De la misma forma, “no mezclar” es una idea que plantea reglas de juego extrañas para la democracia, ya que retrotraen a la política electoral a un juego de suma cero donde, en lugar de adversarios, hay amigos y enemigos peleados a muerte. Sin buscar la descalificación de aquellos que sí creen en la aplicabilidad de los dichos populares en la política, en la teoría política queda claro que la distinción “amigo-enemigo” es un tanto inoportuna para un contexto más o menos democrático.
Con todo, habría que repensar, más allá de aprobar o no, los dichos de los comentaristas y otros que han clamado en contra de la alianza electoral entre el PAN, el PRD, candidatos independientes y otros partidos contra el PRI. Señalar que la alianza no es válida porque sí, o que es un disparate porque es como “mezclar el agua con el aceite” como dice el citado dicho, no es del todo apropiado, ya que el juego electoral democrático y la teoría de la democracia no entienden a la política con la distinción “amigo-enemigo”. Es decir, la democracia permite las alianzas electorales diversas, y las coaliciones partidarias nada tienen que ver con el agua y el aceite.
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