Con la propuesta del Presidente Calderón de permitir la reelección de los legisladores y alcaldes se abre una ventana de discusión de alta importancia y delicadeza para la agenda de reforma política. Si bien hay voces de todos los tonos que hablan en pro y en contra de dicha propuesta de reforma política, no son pocas las opiniones que hablan de que más allá de que la medida sea buena o mala, la misma no es impensada o improvisada, ya que era una de las tantas propuestas de la batea del Presidente Felipe Calderón. Así, ante un tema tan delicado para la democracia en sí, en particular para los partidos políticos y el monopolio que sostienen sobre las candidaturas de representación popular, la intención de este artículo es sumar argumentos para que las palabras “reforma política” o “reelección” no sean lugares comunes, en términos de Ortega y Gasset.
Si bien la llamada reforma política, por lo pronunciado por el Presidente Calderón, abarca un abanico bastante amplio de variables, se puede entender que la innovación se trata de una serie de cambios en la ingeniería constitucional del Estado mexicano y que cada tópico contiene pros y contras para el sistema político. Así, los cambios impulsados como la reducción del número de legisladores federales, el incremento del número de votos que cada partido necesita para tener registro electoral y la posibilidad del veto presidencial, entre otros temas, han levantado una serie de comentarios donde resaltan los matices de la mecánica del sistema político mexicano. De igual manera, la posibilidad de la reelección de legisladores y alcaldes, la habilitación de candidaturas independientes y la segunda vuelta en elecciones presidenciales son temas que han generado diversas críticas y elogios pero que, sin embargo, a veces resultan en análisis reduccionistas o repletos de tintes políticos que poco ayudan al estudio de esta materia técnica y delicada.
Enfocando al término “reelección” por separado y omitiendo otros temas también medulares de la reforma política, en este tema específico se pueden encontrar pros y contras que hacen fundamental el análisis detenido. Por un lado, los pros de permitir la reelección de los legisladores y los presidentes municipales son varios, ya que indefectiblemente los cuadros políticos tienden a profesionalizarse y conocer mejor su labor parlamentaria o ejecutiva. Además, los representantes someterían sus mandatos al escrutinio público, ya sean éstos alcaldes o legisladores, y serían las urnas y el voto ciudadano, en lugar de una cúpula partidaria, quien tenga más peso en decidir qué tan bueno para desempeñar su encargo es tal o cual representante de un cargo público. Es decir, los partidos tendrían menos poder y los candidatos serían más independientes, por lo que sería más decisivo el humor del electorado que la del partido.
Por el otro lado, las contras de de la reelección en el sistema político mexicano serían muchas, destacando la corrupción de algunos dirigentes políticos, por sobre todo los presidentes municipales y las instituciones locales en general. En un sistema político donde los pesos y contra pesos no funcionan del todo bien, la cultura política democrática no es madura, el clientelismo aflora y la transparencia de los gobiernos locales deja muchísimo que desear, pensar en la reelección de los mandatarios es extremadamente delicado. También, pensar en esta reingeniería constitucional implica ensayar nuevos sistemas de representación y redibujar los distritos electorales del país, ya que la iniciativa de Calderón toma en cuenta la reducción del número de representantes legislativos, entre otras cosas interrelacionadas con la posibilidad de reelección de los cuadros políticos. De esta forma, tanto por los pros y las contras de la reelección de las autoridades públicas, analizar la posibilidad de este cambio en México no es una tarea fácil.
Dicho lo anterior, una hipótesis tentativa y parcial que se puede esbozar es que, en una democracia de baja calidad como la mexicana, la reelección de los presidentes municipales puede ser, a la vez, un estímulo positivo y negativo para la calidad institucional de la democracia. Por el lado negativo, la corrupción y los mandatos personalistas eternos. Por el lado positivo, la profesionalización y la mejora de los cuadros políticos que ocupan los cargos de representación pública. Quizá una pregunta atinada para pensar en este respecto puede ser: ¿Qué es mejor para el caso mexicano, la profesionalización y longevidad de los cuadros políticos o la creación de nuevos cuadros cada tres años?
Mientras más preguntas y respuestas se formularán sobre el tema de la reforma política y la reelección en México, en principio sería bueno tener en cuenta la reflexión del clásico Giovanni Sartori, quien en el posfacio de su libro Ingeniería constitucional comparara (CFE, 2007) apunta que: ante la complejidad que en un país como México implica reformar el sistema político para permitir la reelección de los mandatarios locales y diputados, él se inclinaría por dejar las cosas como están y no buscar complicar un sistema que, más o menos, ha funcionado bien para la democracia. En conclusión, el análisis objetivo, técnico, plural y detenido es fundamental para desarrollar una ingeniería constitucional plausible y positiva.
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