Una hipótesis
pluralista de la ciencia política argumenta que a mayor grado de poliarquía
mayor cantidad de lobbying. Poliarquía es un modelo de democracia y lobbying o
cabildeo es la gestión de intereses de distintos grupos e individuos ante los
poderes del Estado. Entonces, siguiendo la línea de la hipótesis planteada, se
puede comprobar por qué en México el lobbying ha crecido en los últimos años y,
entre muchas otras cosas, se puede entender por qué en Estados Unidos el
lobbying se transformó y creció en las décadas de los 60 y 70.
A principios de
la década de los 70, en los Estados Unidos explotó el escándalo político más
bochornoso de la historia de ese país: Watergate. A Nixon le costó la
presidencia y al Poder Ejecutivo le costó relegar poderes de gestión al
Congreso. Sintetizando, el Congreso se hizo más importante y abrió más canales
de acceso a la toma de decisiones de los que abría el sistema presidencialista
que venía de la época del New Deal de Roosevelt, es decir, de la década de los
30. Así, después de Watergate ingresaron al juego político estadounidense
muchos lobbies sociales que se habían gestado en los 60, como por ejemplo los
ecologistas y los de derechos civiles.
Eso significó,
entre otras cosas, Watergate; más allá del escándalo narrado por los
periodistas del Washington Post en All the President’s Men –el caso de las
infiltraciones ilegales en las oficinas de campaña de los demócratas–, la
crisis que llevó a Nixon a renunciar a la presidencia, para no enfrentar el
impeachment que lo hubiese puesto frente a un humillante juicio público,
también fue una bisagra para el sistema político estadounidense, lo cual,
posteriormente, repercutiría en otros países.
Entonces, así
como el escándalo político fue un momento culminante en Estados Unidos con el
Watergate, en México la matanza de 1968 en Tlatelolco y, veinte años después,
las elecciones de 1988 fueron escándalos políticos que derivaron en reformas
que favorecieron a un Congreso más plural. Muy de a poco, y muchos ponen fecha en 1997, en México el Congreso empezó a tener cierta independencia del
Presidente y a ser un actor importante para la toma de decisiones públicas.
Así, un embrionario lobby social comenzó a tener cierta influencia en temas
puntuales de la agenda pública mexicana.
Resumiendo, en
la década de los 70 el Congreso de los Estados Unidos cambió, entre otras
cosas, por causas de un escándalo político. En la década de los 90, por primera
vez en México, el Congreso de la Unión no tuvo una mayoría con un mismo símbolo
partidario, todo tras un lento proceso de cambios derivados de escándalos
políticos, entre otras cosas. En ambos casos, con todas las distancias que
caben, el lobbying –o cabildeo– salió beneficiado y empezó a ser más usado por
grupos de interés sociales, además de los clásicos lobbies empresariales y
sindicales, entre otros. Es decir, a más poliarquía más cabildeo, porque si el
Congreso es un contrapeso institucional efectivo – por derivaciones de un
escándalo político o no–, más y diversos intereses van a llegar a éste parar
abogar en su beneficio.
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