viernes, 21 de enero de 2011

De lobbying o cabildeo en México (II)

Una hipótesis pluralista de la ciencia política argumenta que a mayor grado de poliarquía mayor cantidad de lobbying. Poliarquía es un modelo de democracia y lobbying o cabildeo es la gestión de intereses de distintos grupos e individuos ante los poderes del Estado. Entonces, siguiendo la línea de la hipótesis planteada, se puede comprobar por qué en México el lobbying ha crecido en los últimos años y, entre muchas otras cosas, se puede entender por qué en Estados Unidos el lobbying se transformó y creció en las décadas de los 60 y 70.

A principios de la década de los 70, en los Estados Unidos explotó el escándalo político más bochornoso de la historia de ese país: Watergate. A Nixon le costó la presidencia y al Poder Ejecutivo le costó relegar poderes de gestión al Congreso. Sintetizando, el Congreso se hizo más importante y abrió más canales de acceso a la toma de decisiones de los que abría el sistema presidencialista que venía de la época del New Deal de Roosevelt, es decir, de la década de los 30. Así, después de Watergate ingresaron al juego político estadounidense muchos lobbies sociales que se habían gestado en los 60, como por ejemplo los ecologistas y los de derechos civiles.

Eso significó, entre otras cosas, Watergate; más allá del escándalo narrado por los periodistas del Washington Post en All the President’s Men –el caso de las infiltraciones ilegales en las oficinas de campaña de los demócratas–, la crisis que llevó a Nixon a renunciar a la presidencia, para no enfrentar el impeachment que lo hubiese puesto frente a un humillante juicio público, también fue una bisagra para el sistema político estadounidense, lo cual, posteriormente, repercutiría en otros países.

Entonces, así como el escándalo político fue un momento culminante en Estados Unidos con el Watergate, en México la matanza de 1968 en Tlatelolco y, veinte años después, las elecciones de 1988 fueron escándalos políticos que derivaron en reformas que favorecieron a un Congreso más plural. Muy de a poco, y muchos ponen fecha en 1997, en México el Congreso empezó a tener cierta independencia del Presidente y a ser un actor importante para la toma de decisiones públicas. Así, un embrionario lobby social comenzó a tener cierta influencia en temas puntuales de la agenda pública mexicana.


Resumiendo, en la década de los 70 el Congreso de los Estados Unidos cambió, entre otras cosas, por causas de un escándalo político. En la década de los 90, por primera vez en México, el Congreso de la Unión no tuvo una mayoría con un mismo símbolo partidario, todo tras un lento proceso de cambios derivados de escándalos políticos, entre otras cosas. En ambos casos, con todas las distancias que caben, el lobbying –o cabildeo– salió beneficiado y empezó a ser más usado por grupos de interés sociales, además de los clásicos lobbies empresariales y sindicales, entre otros. Es decir, a más poliarquía más cabildeo, porque si el Congreso es un contrapeso institucional efectivo – por derivaciones de un escándalo político o no–, más y diversos intereses van a llegar a éste parar abogar en su beneficio.

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