En referencia al “intento fallido de golpe de Estado” en Ecuador el jueves pasado, el consultor político ecuatoriano Jaime Durán Barba dijo:
Desgraciadamente, los gobiernos cercanos al coronel Hugo Chávez tienen posiciones autoritarias. El origen de este problema radica en que el presidente Rafael Correa no dialoga y ataca reiteradamente a las Fuerzas Armadas ecuatorianas. Igualmente, nunca se justifica que haya una sublevación militar a un gobierno elegido democráticamente (Perfil, sábado 2 de octubre de 2010).
La opinión de Barba sonó sensata, prudente, constructiva y es digna de citar por lo siguiente: Durán Barba vive y trabaja en Buenos Aires asesorando al alcalde de la Ciudad de Buenos Aires, Mauricio Macri. En Argentina, Macri es el político más golpeado por el matrimonio Kirchner, es el “cachorro del imperio”, en términos nacionales y populares. Es acusado de derechista, de fascista, de golpista, de ser aliado a los intereses que en el pasado acompañaron a los golpes de Estado, entre muchas otras cosas dignas de tabloides sensacionalistas. Por eso, la opinión de Barba Durán parece indicada para pensar en lo sucedido en Ecuador el jueves pasado, que bien pudo ser un intento de golpe, una sublevación de mandos bajos de la policía o un secuestro presidencial montado, pero que no se justifica porque a Correa lo eligió el voto de la gente ecuatoriana por cuatro años, no por tres.
Es sabido que el presidente ecuatoriano, Rafael Correa, constantemente está buscando la confrontación y descalifica o manda a callar a la crítica. Ese es un estilo compartido por él, Hugo Chávez, Evo Morales y los Kirchner, no por Lula o Mujica, por ejemplo. Días antes a los acontecimientos del jueves en Ecuador, la oposición política estaba recabando firmas para, constitucionalmente, revocar el mandato del presidente. En medio de descalificaciones oficialistas, el uso de la lógica amigo-enemigo por parte de Correa y el intento de éste por clausurar las labores de la Asamblea Nacional, la situación en Ecuador no era precisamente democrática. Es decir, un presidente que quiere cerrar el parlamento, interviene el Poder Judicial y amilana a los medios de comunicación críticos, si bien es democrático porque fue elegido por el voto ciudadano, su desempeño deja mucho que desear en ese sentido.
Sin embargo, es importante subrayar la opinión de Durán Barba porque lo fundamental es apoyar la democracia para que no se intente quitar un gobierno constitucional y democrático por la fuerza, ya sea éste conservador, liberal, populista o cualesquiera sea su extracción. Claro que la discusión siempre está en este respecto, y gobiernos como los de Correa no necesariamente son los más poliárquicos. Pero eso no justifica la desestabilización, y cabe remarcarlo.
En otro aspecto pero relacionado, es interesante fijarse en las palabras que se usan para referirse a lo que pasó en Ecuador. Entre muchas frases de sentido común y palabras anacrónicas, es curioso que tanto Correa como los presidentes reunidos en la UNASUR, principalmente Kirchner, Evo y Chávez, hayan dicho que, palabras más palabras menos, “repudiaban la intentona de golpe contra el gobierno constitucional de Correa”. ¿Por qué dicen gobierno constitucional y no democrático? ¿No es contradictorio que gobiernos que se valen constantemente de meta-poderes del presidente –como lo hacía antes el PRI y lo sigue haciendo en las Entidades– y que confrontan todo el tiempo contra los otros poderes del Estado y la libre expresión para dibujar un estado de la situación que no se asemeja para nada a la realidad, se quejen de la irrupción al orden constitucional? ¿Cancelar el parlamento, lo que quería hacer Correa, no fue lo que hizo Hitler, que también había sido elegido por el voto popular?
De todas formas, que al presidente de Ecuador lo saquen con votos no con otra cosa, al igual que a Chávez, Kirchner y Evo en Bolivia. Libertad de expresión.
Nota al pié: Argentina, al igual que Ecuador, vive en un país de “gobierno nacional y popular”, como les gusta definirse a los Kirchner y peronistas afines. En Argentina, el peronismo fue creado por un admirador de Hitler y Mussolini: Perón. Perón, Evita y los peronistas son los que llevaron a la Argentina a los constantes golpes de Estado, claro y los militares y el resto, ya que ellos llegaron al poder por medio de golpe militar, en 1943. Años después, en 1989 y el 2001, ya en la democracia pero con gobiernos que no eran peronistas, la “híper-inflación”, el “corralito”, los “piqueteros”, los saqueos a supermercados de chinos y los aprietes sindicales hicieron que dos presidentes no sólo constitucionales, sino que democráticos tuvieran que demitir sus mandatos antes de tiempo. En 1989 se adelantaron las elecciones; en el 2002 llegó Duhalde, que era el que había perdido en 1999 contra De la Rúa, y después vino Kirchner, que técnicamente no ganó la elección y cuya esposa, actual presidente, ganó las elecciones del 2007 en una elección acusada de fraudulenta. En Argentina hay que ser menso para no saber que los peronistas siempre estuvieron por detrás de los distintos golpes. Ahora, con Ecuador y Cristina Kirchner, Evo y Chávez haciendo gala de su dignidad patriota y sudamericana, ¿qué cuento nuevo quieren contar, si la historia ahí está para ser leída y pensada?
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