miércoles, 13 de octubre de 2010

De los 20 años del IFE y lo que se viene

Este lunes se cumplieron 20 años del nacimiento del Instituto Federal Electoral (IFE). En este tiempo de transición hacia la democracia, en México las reglas del juego político cambiaron y mucho. El paso parecería lento, por momentos erróneo y sinuoso, pero de haber elecciones fraudulentas para nada competitivas, en donde todos sabían de antemano el ganador, se pasó a un marco electoral dentro de todo democrático, respetado por las partes y competitivo. Así, desde 1990 el IFE ha organizado siete procesos electorales federales en donde, de a poco y aunque las opiniones al respecto siempre encontrarán gente a favor y gente en contra, se empezó a palpar un cambio democrático en la historia política de México.

Claro está que uno de los pilares de la democracia es que el resultado de las elecciones sea aceptado por las partes. Como en México el problema del sistema político radicaba en que no se respetaba el voto, había que buscar la manera de que sí se respetase. Con este principio como base, entre varios otros, el IFE se erigió como el símbolo institucional de la democracia en el país. Por eso, a grandes rasgos, la labor del IFE fue fundamental para que, por medio de las reformas al sistema electoral promovidas en estos últimos veinte años –que parecen pocos para la historia bicentenaria pero que son bastantes–, en México haya cierta pluralidad política, alternancias de mayorías legislativas, de partidos en la presidencia de la república y elecciones mínimamente democráticas.

Dicho lo anterior, el 2006 fue un proceso electoral costosísimo para el IFE, y no solamente en términos monetarios. López Obrador y su campaña de fraude resintieron la confiabilidad de muchos mexicanos hacia el IFE, es decir, hacia el mecanismo que se había encontrado para asegurar una democracia mínima en el país. Así, en el 2007 se concluyó que la urgencia era evitar las campañas sucias entre los candidatos y revisar la manera en que se gestionaban y repartían los tiempos de aire en la televisión. Pero la reforma electoral de aquel año fue severamente criticada porque acotó libertades en nombre de equidades y las campañas sucias continuaron. Justamente, a 20 años de la creación del IFE, la imparcialidad del árbitro electoral está sujeta de sospechas por el aparente convenio mediático de Peña Nieto, el destapado del PRI, y Televisa.

Si algo sobresale en la cotidianidad de la política mexicana, en la grilla, es la constante presencia en la televisión del gobernador del Estado de México. Peña Nieto está en la pantalla más tiempo que gente que trabaja en los mismos medios. Su "informe de gobierno", por ejemplo, lo pasaron en todos los canales y a todas horas. Con el cinismo al estilo priísta de antaño, el gobernador de uno de los estados del país que no necesariamente destaca por su desarrollo humano, habla fuera de tiempo y lugar sobre asuntos que efectivamente hacen a la campaña electoral de un candidato presidencial. Es un hecho: Peña Nieto está como celebridad de los paparazi de la televisión, imponiendo no ya su candidatura a la presidencia, sino su arribo a Los Pinos.

Así las cosas, a 20 años de la creación del IFE, el 2012 está a la vuelta de la esquina y, sin dudas, será uno de los retos más duros para el IFE desde su creación. Por lo que se ve en la televisión, la campaña de Peña Nieto es ilimitada en recursos, poco transparente, demagógica, mentirosa, carente de todo rasgo democrático, mas arrolladora en tiempo aire de televisión. En síntesis, a diferencia de las elecciones del 2000 y 2006, el PRI ahora sí tiene gallo; ¿podrá el IFE lograr que el PRI se atenga a las reglas? Por el comportamiento de Peña Nieto en la televisión, responder que el IFE sí podrá hacerlo pareciera ser complicado.

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