viernes, 29 de octubre de 2010

Falleció Néstor Kirchner

En la mañana del miércoles murió de un paro cardiorrespiratorio no traumático el ex presidente de Argentina, Néstor Kirchner. La noticia recorrió los medios de comunicación de buena parte del mundo y conmocionó el ambiente latinoamericano, particularmente el argentino. Aunque Kirchner era ex presidente, era el esposo de la actual presidente, Cristina Fernández de Kirchner, y era quien estaba por detrás de toda acción que ésta emprendiese como gobernante. Además, era el presidente del Partido Justicialista, el peronismo, y su figura era una de las más importantes de la política argentina actual. Así, la muerte de Néstor Kirchner, entre muchas cosas, puso de luto a la Argentina al tiempo que posiblemente cierre una etapa política y abra otra en ese país.

Néstor Kirchner tenía 60 años y fue presidente de Argentina en el cuatrienio del 2003 al 2007, tres veces gobernador de la patagónica provincia de Santa Cruz y una vez alcalde de la capital de esa despoblada provincia. Cuando ganó las elecciones presidenciales en mayo de 2003 (aunque en realidad no ganó la elección, ya que el ex presidente Carlos Menem se llevó la primera vuelta pero no se presentó a la segunda porque, dado que había más anti-menemismo que otra cosa, irremediablemente iba a perder en el ballotage), la mayoría de los argentinos no lo conocía. Pero con medidas acertadas con respecto a los derechos humanos y los juicios a la junta militar de la última dictadura, así como con contexto económico favorable, Kirchner se ganó su lugar como el que sacó a la Argentina del letargo producido por la crisis del 2001.

Al principio de su mandato, debido al bajo porcentaje de votación, fue el transversalismo, un pacto entre peronistas, sindicalistas, radicales, independientes, progresistas y sobre todo anti-menemistas, lo que Kirchner ideó para acumular apoyo político. Pero desde el segundo año de su gestión, cada vez fue más claro que su base real de poder estaba en el sindicalismo charro de la CGT, (Confederación General de Trabajadores), liderado por Hugo Moyano, un cuestionadísimo líder sindical que siempre pactó con el que estaba en el poder. Entonces, al tiempo que Kirchner se apoyó cada vez más en el sindicalismo, se enfrentó con los sectores más poderosos y tradicionales del país, regenerando la lógica amigo-enemigo de la política que en Argentina supo encarnar, en diferentes períodos de la historia, el peronismo.

Así, hasta el día de su muerte, el principal enemigo o adversario, depende el enfoque, de Kirchner fue el ex presidente Menem, la década neoliberal y aquellos que se beneficiaron en los 90. Diferenciarse de la década menemista, le sirvió para diferenciarse de los emblemas más desgastados y deslegitimados de la política argentina de los últimos lustros. Kirchner encarnó un discurso parecido al que en México personifica López Obrador. Por lo mismo, desde el 2005, después de una especie de primavera kirchnersita, el gobierno K se bandeó. Primero, con él como presidente y después como ex presidente en funciones detrás de su esposa presidente, Kirchner embistió cruzadas titánicas contra el sector agropecuario, representado por la centenaria Sociedad Rural Argentina, y contra los medios privados de comunicación, principalmente los periódicos Clarín y La Nación, por nombrar algunos de los casos paradigmáticos de un gobierno que se destacó por agigantar el Estado, su rol y enfrentarlo contra los intereses más importantes del país.

En el frente externo, como en el ámbito doméstico, Kirchner buscó hacerse fuerte mediante la crispación de la puja política de la lógica “ellos contra los otros”. Es decir, también en el ámbito internacional el antagonismo fue la marca K para conducir la Argentina, por eso se alió a Chávez, Correa, Evo Morales, culpó al FMI de los problemas argentinos y llegaba tarde a la ONU. Quizá el caso que la historia recuerde mucho como un ejemplo de la política internacional de Kirchner, fue cuando en marzo de 2005, en el balneario de Mar del Plata, Kirchner fue el anfitrión que confrontó abiertamente al entonces presidente de los Estados Unidos, George W. Bush, para junto a Chávez terminar el ALCA (el proyecto de libre comercio continental liderado por Washington) allí. También, destacó por su alianza con Chávez y por aceptar petrodólares de Venezuela para pagar intereses de la deuda externa argentina.

Con todo, todavía es prematuro el análisis o la historia de Néstor Kirchner y su legado. Pero sin duda que su fallecimiento cambia el tablero de juego en la política argentina y, por ende, regional. Kirchner fue un político que supo usar la lógica amigo-enemigo como base discursiva y era quien estaba por detrás del gobierno de su mujer imprimiendo mucho más que el estilo y la agenda. Era el líder de la corriente “nacional y popular”, como se autodefinió el kirchnerismo, y de hecho su resucitador. Pero Kirchner ya no está, y las conjeturas sobre el futuro son muchas y son de final abierto. Quizá una nueva etapa se abra en Argentina, pero puede ser la del crecimiento del poder sindical de los gordos charros de la CGT como Moyano, la de la consolidación del modelo kirchnerista-progresista o más bien nacionalista, o la debacle del matrimonio Kirchner en el poder.

La presidente Cristina Fernández de Kirchner, la viuda de Néstor, tiene un gran desafío por delante, ya que pierde a su esposo, al padre de sus hijos y a su socio político. Ella ha dicho muchas veces que Néstro era su jefe político, por lo que la pérdida es grande para la presidente. Sin embargo, a poco más de un año de las elecciones presidenciales y con poco más de un año de gobierno, Cristina tiene la oportunidad de dar una cara más humana ante sus detractores, bajar el tono a la constante confrontación política que su esposo incitaba y retrucaba, poner frenos al poder sindical de la CGT y Moyano, y muchas otras cosas que seguramente ayudarían a encarrilar su gobierno y fortalecer la institucionalidad que prometió tres años atrás.

En fin, el fallecimiento de Néstor Kirchner, aunque repentino, era de preverse: es el desenlace del delicado cuadro clínico que el ex presidente, diputado federal, precandidato del oficialismo y esposo de la actual presidente de Argentina había negado públicamente, con todo y que solamente en este año le habían practicado dos operaciones cardiológicas. También es el resultado de una persona híper-tensa que no hizo caso a los que saben de salud, es decir, los médicos. Aunque le recetaron reposo, Kirchner prefirió desobedecer para hacer política con la intensidad de una persona sana. Quizá pasaba lo mismo con los economistas que lo alertaban de la inflación y él no escuchaba porque así era su forma de ser, un animal político. Que en paz descanse.


Velorio de Néstor Kirchner en la Casa Rosada (Perfil.com)

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